No siempre las villanas son tan despaturradas como Pamela Díaz ni tan burdas como Anita Alvarado. También las hay con clase y rebosante finura, al estilo de Jades (la bruja blanca de «Las crónicas de Narnia») o de la inquietante Gatúbela que encarnó Michelle Pfeiffer en «Batman».
En nuestra televisión uno de estos últimos casos es el de Carla Jara, ex «Carlita» Jara. Y no me diga que eso de villanizarla es antojadizo. No en vano antes de eliminar al entrañable Kiwi de «Pelotón» había recibido cuatro bombas de tiempo (nominaciones para dejar la base). Que cubra su facilidad para manipular con una precisa capa de almíbar conductual es archivo de otro pendrive.
A esta altura ya está claro que no dejar entrar al encierro por tercera vez a su esposo, Jorge Acuña, para dejarlo reparar su última torpeza (terminar con ella), es una decisión de la propia Carla. Con ello, la rubia ha pasado en tiempo récord del despecho, la humillación y el dolor a un muy cerebral rencor.
A su correcta belleza (la exuberancia no es lo suyo) suma un trato envolvente y que llega a ser engañoso. Eliana Albasetti lo comprobó en propia carne cuando fue a «Abre los ojos», el programa-satélite del reality. Recién ahí se enteró que la que creía su amiga la descueraba junto a Francisca Puertas.
Algo aprendió de Álex Hernández esta pichoncita, que convencía bastante en su incipiente carrera de actriz en las siempre vanguardistas miniseries de «Mekano». Por lo visto, el histrionismo que lleva dentro es una vocación más fuerte de lo que pensábamos.


