Patricio Oñate se queda en Chiloé y traza su vida familiar
El ex notero dice que tocar acordeón están importante como las matemáticas.
En la sede de la Junta de Vecinos Pid Pid de Castro fueron velados los restos de María Cecilia Briceño la semana pasada. «Todo el mundo acá sabe cómo llegar a la sede. Uno ingresa por dónde Caszely, que es un señor igualito a Carlos, que todos saben dónde vive», cuenta Pato Oñate.
El jueves se efectuó el funeral en la iglesia del sector donde vive el ex notero y luego el cuerpo fue llevado al crematorio. Sus cenizas serán esparcidas en el patio de la casa de la familia y en lugares que señaló María Cecilia.
«La idea de la ceremonia era que fuera algo íntimo. Como decía María Cecilia, que llegara el que tuviera interés en llegar. No hacérsela fácil a la gente», explica Oñate. «A la única que le pedimos que rezara fue a una doctora venezolana. ¿Por qué? Por algo muy lindo que pasó. Ella llegó un día del hospital de Castro a la casa para hacer el tratamiento paliativo. Al ver a María Cecilia en la cama, se sacó el delantal de médico, le tomó la mano y le dijo que quería rezar, que eso era en ese momento más importante y mejor para lo que estaba pasando mi señora. Ella también rezó. Luego, la doctora le preguntó si podía cantarle una canción. Y cantó. Para mí fue esa la imagen de una doctora de verdad, que vela por sus pacientes. Humana. No como otros que nunca tuvieron un gesto humano con mi señora», agrega.
Sin María Cecilia, usted deberá velar en todo por sus hijos. ¿Se siente preparado? ¿Tiene temores?
«Me siento como un entrenador que tiene buenos jugadores, que saben lo que tienen que hacer, pero que no está seguro si será capaz de estar a la altura. Soy el director técnico, pero estoy lejos de pensar que me las sé todas».
Ustedes habían decidido que sus hijos no fueran al colegio. Educarlos en la casa y que rindieran exámenes libres. ¿Seguirá así?
«De todas maneras. Si algo tengo decidido es que me quedo en Chiloé y que mis hijos seguirán aprendiendo sin ir al colegio».
¿Por qué ambas resoluciones?
«La idea de hacer mi vida acá es que siento haber encontrado el lugar donde soy feliz. Tengo trabajo en la Municipalidad, tengo amigos que sé que están ahí cuando uno los necesita. Ahora entiendo por qué mi señora quería venirse para acá. Siento que ya soy de este lugar. Santiago no me llama para nada. No me liga nada como para volver».
¿Y no teme que el tipo de educación que les da a sus hijos quizás el día de mañana los perjudique cuando quieran elegir qué hacer?
«Para nada. Ellos han aprendido de todo y, además, son felices. Nico es un astro tocando acordeón y también es un capo jugando ajedrez, al igual que Clemente. Además, los dos cantan. Yo quiero incentivarlos para que sigan haciendo eso. Para nosotros con María Cecilia tan importante como que nuestros hijos supieran de matemáticas o de historia es que aprendieran a tocar acordeón y que hicieran actividades que los motiven. La idea es que crezcan felices. ¿No es esa la verdadera misión de los padres?».


