Fiscalía expuso las pruebas durante la formalización
Tomás la dejó botada en un cerro. Su hermano Yeferson fue posicionado en el lugar del asesinato gracias a su saliva.
El 15 de junio, Tomás Antihuen Santi (22 años) -el cuarto imputado por el homicidio de tres carabineros en Cañete que permanece prófugo- se reunió con su amigo Martín Neculqueo en un sector de Quidico, 54 km al norte de Cañete. Ambos subieron a un cerro y compartieron unas cervezas sin saber que eran observados por un dron policial.
Cuando se retiraron, funcionarios de Labocar recogieron dos latas de cerveza que dejaron en el lugar. Tras remitirlas al Laboratorio de Genética, una de ellas arrojó muestras de ADN de Tomás, compatibles con las encontradas en un cartucho calibre 12, color naranjo, levantado el 27 de abril del sitio donde el sargento 1° Carlos Cisterna Navarro (43), y los cabos 1° Sergio Arévalo Lobos (34) y Misael Vidal Cid (30) fueron asesinados.
El ADN también coincidió con el encontrado en la polera que Tomás usó como tapaboca el 15 de julio del 2020 en el exterior del Museo Mapuche de Cañete, mientras lanzaba bombas molotov a Carabineros. Ese día fue detenido y se guardó la prenda con su perfil genético.
Esta fue una de las pruebas exhibidas por el Ministerio Público durante la formalización de los acusados de matar a los funcionarios. La audiencia se realizó en el Juzgado de Garantía de Cañete en formato híbrido. Felipe Antihuen Santi (29) y Nicolás Rivas Paillao (19) se conectaron vía Zoom desde el Centro Penitenciario Biobío. A su vez, Yeferson Antihuen Santi (20) lo hizo desde la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago.
La segunda prueba para corroborar sus identidades se logró gracias a una acción de Yeferson. El 26 de junio, el joven que residía en una toma de La Pincoya, en Santiago, escupió en una calle cercana a su domicilio. Carabineros que lo seguían de incógnito esperaron que se alejara para recoger la muestra y enviarla al Laboratorio de Genética.
El ADN coincidió con una polera con una mancha de sangre encontrada en una camioneta que fue robada con violencia el 29 de marzo del año pasado. En ese lugar apareció también el celular de Yeferson y un cartucho de una escopeta calibre 12, similar al hallado en el sitio donde fueron asesinados los tres carabineros este año.
Los asesinatos
Durante la formalización, el fiscal Roberto Garrido relató cómo fueron emboscados y ejecutados Cisterna, Arévalo y Vidal. Contó que las 23:30 horas del viernes 26 de abril, los tres salieron a hacer patrullajes preventivos y a controlar a un sujeto que cumplía arresto domiciliario en el sector Antiquina.
A la altura del km 25 de la ruta que une a Cañete con Tirúa los carabineros, que se desplazaban en una camioneta institucional, tomaron un camino vecinal hacia el domicilio que iban a fiscalizar. Al llegar doblaron por un callejón estrecho de 34 metros, donde figuraba un portón cerrado, que habitualmente se mantenía abierto.
En ese punto, de acuerdo al relato del fiscal, uno de los funcionarios abrió la puerta de la camioneta, situación que fue aprovechada por los hermanos Felipe, Tomás y Yeferson para atacarlos. «Les sustrajeron sus armas institucionales -tres pistolas Taurus, dos ametralladoras Uzi y un fusil Winchester- y les dispararon con armas de fuego, dándoles muerte en el mismo lugar».
De acuerdo con las pericias realizadas, los tres estaban arrodillados y con las manos detrás de la nuca. Una vez muertos los subieron al pickup de la camioneta y salieron por otro camino a la ruta, donde incendiaron el vehículo.
Utilizaron el combustible de la motosierra que los policías portaban para cortar ramas en caso que se encontraran con árboles botados durante su patrullaje.
Los indicios
Esa misma noche, el hombre que iba a ser fiscalizado y que se mantiene con identidad reservada, llamó a la comisaría de Los Álamos -donde pertenecían los funcionarios- para contar que había escuchado disparos. Más tarde, al ser interrogado, reveló que sus sobrinos Tomás y Felipe Antihuen lo habían visitado en febrero de ese año y le habían dicho «que querían hacer algo cuando los carabineros fueran a tomarle la firma».
Que luego de eso había sido visitado de manera regular por ambos. «El que preguntaba más específico, como horarios de fiscalización, era Tomás». El mismo que un día le propuso que participara en el ataque. Pero él se negó, por lo que lo amenazó con una escopeta «que si hablaba algo, lo mataría a él y su familia».
La participación de Nicolás Rivas fue revelada por otro testigo que relató que fue quien le suministró la escopeta a Yeferson para robar la camioneta en marzo del año pasado. Y que la misma tarde del viernes 26, le entregó otra escopeta a Tomás y Felipe para la emboscada, en la también participó.
Las armas
Este lunes, durante el operativo para detener a los imputados, los funcionarios revisaron el predio colindante al domicilio de los hermanos de Felipe y Tomás. En el lugar que, según el Ministerio Público es usado por los Antihuen Santi para esconder armas y un Vitara donde se movilizaban, encontraron un bolso con dos pistolas marca Taurus, calibre 9, propiedad de dos de los carabineros asesinados.
«Con esas mismas armas mataron a los funcionarios», contó el persecutor. También apareció en el domicilio de los Antihuen la hombrera del chaleco antibalas del sargento Carlos Cisterna.
En casa de Nicolás hallaron una vaina percutada, coincidente con un cartucho encontrado en el sitio del triple homicidio.


