Dos semanas después de un mega concierto de despedida con una multitud de invitados
Fans chilenos explican por qué idolatran al vocalista de Black Sabbath, con sus excesos y la gran anécdota de cuando mordisqueó un murciélago real.
Apenas diecisiete días luego del show de despedida que reunió a lo más selecto de los metaleros del mundo y donde cantó desde un trono con motivos de murciélago, el gran Ozzy Osbourne dejó este mundo donde se convirtió en un monstruo del metal y por lejos el artista más querido de ese género. Al momento de expirar con 76 años, el vocalista de la mítica banda Black Sabbath estaba junto a su familia y «rodeado de mucho cariño».
Aunque no se han referido a la causa del deceso, el músico sufría de Parkinson.
Nacido en la ciudad inglesa de Birmingham, en 1948, sus padres eran obreros de escasos recursos que enfrentaron muchos problemas para mantener a sus hijos en una casa de dos habitaciones. El pequeño John Michael, antes de convertirse en una celebridad, vivió los rigores de la marginalidad: fue abusado por compañeros de colegio, apenas entendía las clases por culpa de la dislexia e intentó suicidarse varias veces.
A los 14 escuchó por primera vez a The Beatles y sintió que la música sería su camino. Unos años después dejó el colegio y pasó a deambular en varios empleos mínimos para pasar un tiempo en prisión a los 18.
Black Sabbath, con sus temas densos y claustrofóbicos, pegó rápidamente. Ozzy consiguió dinero y al mismo tiempo una infinidad de adicciones que le pasarían factura en su salud. Famosa es la anécdota de los años 80 en que por error mordisqueó un murciélago.
Visitó Chile en seis ocasiones como solista o acompañado, siendo la última en 2016 como parte de la gira del adiós de Black Sabbath.
El músico conquistó a nuevas generaciones con el reality «The Osbournes», junto a su estrafalaria familia, mientras los fans del metal en Chile han seguido firmes: Santiago es la tercera ciudad en que más se escucha su música según YouTube Charts.
¿Por qué se le quiere tanto al viejo Ozzy?
Osito: «A diferencia de otros rockeros, Ozzy es muy humano. Abrió las puertas de su casa mucho antes del reality: ya en los 80 podías verlo en revistas haciendo un huevo frito, por ejemplo. Ningún otro rockero lo hubiese expuesto con ese humor. Para los nuevos públicos se convirtió desde el padre del heavy metal a una especie de osito para querer. Lo entrevisté varias veces para MTV entre 1996 y 2002, cuando no tenía ni 50 años, pero se le veía muy a mal traer por los excesos que pasó entre los 70 y principios de los 80. Ya tenía problemas en su motricidad fina». Alfredo Lewin, radio Sonar y Rockaxis.
Comunidad: «Me pega muy fuerte su muerte porque lo vinculo al sentimiento de pertenecer a una gran familia metalera. Su música te hacía ser miembro de una comunidad muy importante: aunque no nos conozcamos, siempre compartimos una sonrisa o un saludo. Sólo tengo agradecimiento». Gonzalo Montaner, escritor y doctor en Estudios Internacionales.
Demoníaco: «A los 17 años escuché por primera vez a Black Sabbath. Me impresionó y fue moldeando mi pasión. Era un sonido extraño que usaba el tritono, también conocido como el intervalo del diablo, es decir seis semitonos que van hacia arriba de la escala. Un papa hace muchos siglos hasta lo prohibió por temor a que invocara al diablo. Creo que la banda mostró una rebeldía contestataria y violenta que viene desde el origen vulnerable de sus integrantes. Birmingham era una ciudad fea, contaminada, amenazante. La cuna de los personajes de la serie Peaky Blinders». Hernán Rojas, ingeniero de grabación y director de la iniciativa Rock al Patio.
Batman: «Leyenda total. Su esposa Sharon (se casaron en 1982) tuvo una gran importancia en el cambio de vida de Ozzy. Ella le manejó la imagen y fue hasta un soporte moral. Sin ella, él nunca hubiese logrado el éxito que alcanzó. Sobre la anécdota del murciélago: en los 80 se le presentaba como el príncipe de la oscuridad y en un show él tomó un murciélago que pensó que era de utilería, pero no, era real. Eso es complicado, se arriesga a la rabia». Pablo Salinas, neurólogo e integrante de la banda Luctus Hydra.
Homenaje: «Es importante como uno de los padres del rock. Es un tipo muy extremo que uno asocia a la actitud del rock. Fue muy lindo cómo se despidió de todo el mundo, porque además de ayudar a los enfermos de Parkinson recaudando dinero, significó un gran tributo antes de su muerte. La de Ozzy fue una voz que me acompañó desde siempre, mi primer disco fue Diary of a madman (1981)». Juan Carlos «Lobo» Araneda, radio Futuro.



