El aplaudido artista falleció ayer a los 85 años de edad
El autor, Premio Nacional de Arte 1997, fue un incansable creador de enormes volúmenes metálicos.
«Era un hombre de un ánimo extraordinario, una especie de cíclope de la escultura», comenta Francisco Brugnoli, director del Museo de Arte Contemporáneo, al recordar al infatigable escultor Sergio Castillo, quien ayer falleció, a los 85 años de edad, víctima de una fibrosis pulmonar que lo afectaba desde 2004.
Ganador del Premio Nacional de Arte en 1997, el autor no sólo creó varios y enormes volúmenes hechos de acero inoxidable que hasta hoy se pueden ver en diversos puntos de Santiago: también era un sujeto extremadamente duro y vital, capaz de soportar los más graves accidentes laborales.
Un ejemplo de la formidable resistencia física del artista fue su reacción frente al costalazo que sufrió en abril de 2005, cuando cayó desde una elevada altura mientras revisaba una de sus piezas de metal. Pese a que perdió la movilidad de sus pies durante varios meses, el hombre presentó, ese mismo año, una gran retrospectiva de su medio siglo de carrera en el edificio de Telefónica.
Nacido en 1925, e integrante de la llamada Generación del Cincuenta, Castillo tuvo un breve paso por la carrera de arquitectura hasta que, en 1948, viajó a Europa utilizando el dinero que había ganado trabajando como camionero. En Roma cayó seducido por la escultura de Miguel Ángel, y en París alcanzó un éxtasis visual que lo llevó a abandonar su plan inicial de trabajar como agricultor. De vuelta en Chile, pasó fugazmente por la Escuela de Bellas Artes.
«Yo he sido más bien autodidacta, porque creo que las escuelas de arte no sirven para nada, son todas iguales. Se enseñan puras mañas. Además, la escultura es como la poesía: no se puede enseñar», decía el artista en 2005, durante una entrevista que concedió a Las Últimas Noticias a propósito de la inauguración de su gran muestra retrospectiva.
«Sergio fue alumno de Marta Colvin, y de ella heredó algo muy importante, que significó un concepto nuevo de escultura para Chile: la idea de una escultura que se hace por agregación, por adición de partes, y que era lo contrario de la escultura tradicional, que funciona desde la idea de un bloque al que se le extrae material», comenta Francisco Brugnoli.
Otro rasgo característico de Castillo era su capacidad para producir piezas destinadas a espacios públicos. Una de las últimas manifestaciones de ese aspecto de su propuesta se vio en 2008, cuando el autor -que en ese momento ya tenía 82 años y estaba muy debilitado por la fibrosis pulmonar- trabajó en tiempo récord para producir una colección de animales gigantes que fue exhibida en el Parque de las Esculturas de Providencia.
«Su producción de esculturas para espacios públicos fue una cosa muy inaugural para Chile, porque, a pesar de que había otros escultores dedicados a lo mismo, produjo tal cantidad de obras que, en algún momento, la escultura en espacios públicos llegó a estar identificada con su nombre», concluye Francisco Brugnoli.
Los últimos años
Durante los últimos seis años, Sergio Castillo tuvo constantes problemas respiratorios a raíz de la fibrosis quística, enfermedad que lo obligaba a tener permanentemente un balón de oxígeno al alcance de su mano.
En el momento de su deceso, el escultor se encontraba en su domicilio ubicado en la comuna de La Florida, acompañado por su familia. Sus restos serán velados hoy, desde las siete de la tarde, en Los Misioneros 2176, Pedro de Valdivia Norte, Providencia.


