Isabel Álvarez aún no lo cree
Isabel Álvarez se toma la cara y no se convence. Cuenta que lleva más de una década trabajando en la casa parroquial de Santa Teresa de Los Andes, en Melipilla. Ha atendido a varios sacerdotes y, desde hace cinco años, a Ricardo Muñoz Quinteros, acusado de llevar una doble vida. El religioso tiene 2 hijos con una pareja que, a su vez, está imputada por conseguirle muchachas con las que él tenía relaciones a cambio de dinero.
Pero esa otra imagen del religioso de 55 años es opuesta a la que tenía todos los días la mujer. «Yo estoy demasiado afectada porque lo atendí cinco años. Él siempre fue respetuoso, atento, generoso. No creo nada de lo que se dice», comenta.
En esa casa, Muñoz vivía solo desde marzo, cuando falleció el otro cura que compartía la casa parroquial, en la población Romanini.
«Nunca le vi nada extraño. Él tenía el comportamiento de un sacerdote, era un hombre especial, un hombre correcto», añade Isabel.
Una percepción muy distinta es la que tiene Victoria D., madre de una de las presuntas víctimas del sacerdote en Curacaví. «Se aprovecharon de la vulnerabilidad de las niñas. Es un dolor muy grande como madre. Ojalá le den la mayor pena posible, por lo que le hizo a mi hija y a la suya», comenta entre sollozos.


