El entrenador de 62 años relata el grave shock séptico que lo mantiene internado
Sé que la saqué barata, dice el técnico de Coquimbo Unido, quien agradece al médico y el kinesiólogo del club por salvarle la vida.
Esta entrevista con el entrenador Fernando Díaz (62) se tuvo que hacer por partes, de acuerdo a los momentos y posibilidades de establecer un diálogo. Y sólo por WhatsApp, porque los médicos le han recomendado no hablar mucho.
El sábado 20 de abril, poco antes de que su equipo jugara ante OHiggins, el entrenador de Coquimbo Unido sufrió un shock séptico que obligó a un urgente traslado al hospital San Pablo, de la ciudad de la Cuarta Región.
Desde ese momento, el adiestrador de los piratas ha debido someterse a diversas intervenciones y exámenes que lo han hecho permanecer internado, sólo con la interrupción de algunos días en los que pudo estar junto a su esposa, Claudia Hervias, y su hija Francisca en su departamento del puerto.
«Fue duro lo que pasé», dice Fernando «Nano Díaz», a quien el sábado le hicieron un drenaje para sacar líquido de un pulmón y que en estas horas se someterá un procedimiento similar. «La verdad es que por segunda vez en mi vida estuve cerca de ganarme un minuto de silencio en el estadio. La primera fue cuando era ayudante de Manuel Pellegrini en Liga Universitaria de Quito. Choqué con el auto y terminé como tres fracturas craneales. Fue milagroso salvarme. Igual que ahora, porque si el shock séptico me hubiese dado en otro lado, seguro que no la hubiese podido contar. Soy como los gatos. Tengo siete vidas, pero ya me gasté dos», reflexiona el entrenador.
¿Qué lo salvó en esta ocasión?
«El hecho de que el médico Rodrigo Araya y el kinesiólogo Fabián Salas, que son los de club, también trabajan en el hospital San Pablo. A ellos literalmente les debo la vida y quiero agradecerlo públicamente. Yo, cuando empecé a sentirme mal, de inmediato llamé al doctor, que estaba en el complejo Las Rosas, y le dije que me espera ahí. No sé cómo, tomé el auto y llegué al complejo, ya que estaba que me desvanecía. Muy mal, casi desmayado. Alcancé a llegar, me vieron los parámetros, reaccionaron de inmediato, me llevaron al hospital, que está a cinco minutos, y llamaron para que tuvieran todo listo para mi ingreso. Eso fue fundamental para que el tema no fuera peor».
¿Qué sintió antes de que se produjera el shock séptico?
«Había estado en la mañana con los jugadores y fui a mi casa a vestirme para ir a almorzar con el plantel antes del partido con OHiggins. De repente, no me pude mover de dolor y empecé a tener dificultad para respirar. Quedé sin fuerza. Esta enfermedad de verdad que destroza. Me paralizó».
¿Había tenido algún síntoma los días previos?
«Venía con un cuadro viral que desencadenó en una neumonía, que ya me tenía casi sin moverme. Me metía remedios y seguía trabajando igual. Pero eso se juntó con la neumonía, que me agarró el pulmón derecho, parte del riñón y la pleura. Además sufrí una infección por una inyección que me metieron el martes anterior al partido con OHiggins».
Usted estuvo varios días en el hospital, volvió a su casa, pero nuevamente tuvo que internarse. ¿Sufrió alguna complicación?
«Estuve cuatro días en la UTI, salí del hospital para hacer la primera parte de la recuperación en la casa con tratamiento y atención domiciliaria. La semana pasada me hice un escáner de control y encontraron que tenía un derrame en uno de los pulmones. Era mejor limpiarlo porque después se encapsula y puede causar una nueva infección u otro problema. Me hicieron un procedimiento en el que me durmieron, me metieron dos camaritas y me limpiaron. Menos mal que lo hicieron porque tenía más líquido de lo que parecía. Y me siento mucho mejor. Este lunes repetirán el procedimiento en el otro pulmón y me dijeron que luego de eso, en la tarde, podré volver a mi departamento a seguir la recuperación con remedios y control médico. Sé que tengo para rato antes de recuperar la capacidad pulmonar y que se vaya de una vez este o el conjunto de bichos que me tumbaron y que estuvieron a punto de mandarme al otro lado. Es una lata, pero sé que la saqué barata».


