Caso de las bacterias alienígenas
E1 domingo pasado, el astrobiólogo de la NASA Richard Hoover gritó al mundo haber encontrado fósiles de bacterias extraterrestres en meteoritos caídos a la superficie del planeta, «provenientes de cometas, lunas u otros cuerpos celestes». Los resultados de la investigación los publicó en la edición de marzo de la revista «Journal of Cosmology», la cual a su vez, por medio del editor Rudolf Schild, invitó a la comunidad científica a comentar el descubrimiento.
Dicha convocatoria, con los días, se ha vuelto una pesadilla para Hoover, pues nadie lo avala y hasta la NASA le dio la espalda, desligándose del estudio, porque no habría evidencias suficientes para corroborar sus conclusiones. «La NASA no puede estar detrás o apoyar un hallazgo científico a menos que haya pasado el proceso de revisión por pares»», explicó en un comunicado Paul Hertz, director científico del Science Mission Directorate de la agencia espacial.
Más allá fue Carl Pilcher, director de Astrobiologia de la Nasa, quien deciará a Associated Press que «no hay nadie en la comunidad de análisis de meteoritos, que haya apoyado estas conclusiones».
La opinión entre pares también fue bastante elocuente. Paul Myers, biólogo de la Universidad de Minnesota, también atacó a Hoover y de paso a la revista que publicó su trabajo. Myers, afirmó que el sitio web – «Journal of Cosmology»- era mantenido por «un pequeño grupo de académicos chiflados y obsesionados con las ideas de Hoyle y Wickramasinghe de que la vida se originó en el espacio exterior y simplemente llovió sobre la Tierra».
De buena onda, varios científicos dijeron que nadie duda de la vida más allá, pero aclararon que sólo se necesitan pruebas irrefutables para anunciarlo


