En su reciente visita el presidente francés Emmanuel Macron lo destacó en su discurso
Vivió el esplendor de las vanguardias parisinas, compartió con Picasso y Coco Chanel, y protagonizó la primera película de Jean Cocteau. Sin embargo, su regreso a Chile marcó su olvido, dejando un legado que su familia busca reivindicar.
Enrique Riveros, uno de los actores chilenos más destacados del cine europeo en los años 20 y 30, fue un hombre adelantado a su tiempo. Su carrera, que lo llevó a trabajar con figuras como Jean Cocteau y Jean Renoir, se construyó, así como por casualidad en el París de las vanguardias, donde gracias a otros chilenos en la capital francesa se empezó a codear con personalidades como Pablo Picasso (con quien vivió) y Coco Chanel. Sin embargo, su regreso a Chile marcó el fin abrupto de su trayectoria artística, dejando un legado olvidado que hoy busca ser reivindicado. Su aporte al cine y a las artes fue tal que, durante su más reciente visita al Congreso Nacional, el presidente francés Emmanuel Macron lo destacó como uno de los artistas más importantes que practicaron su arte en Francia.
Nacido en San Fernando en 1906, Riveros viajó a París en 1923 para estudiar Agronomía, pero pronto se dejó seducir por el arte. «Mi abuelo se fascinó con el espíritu de las vanguardias. Era un hombre culto que rompió con las tradiciones familiares chilenas para explorar nuevas formas de ver la vida y el mundo», cuenta María José Riveros, su nieta.
Fue en ese contexto, y después que sus padres le dijeran que no le iban a financiar esa nueva carrera bohemia, que Enrique comenzó a actuar para financiar sus estudios. Primero de extra, luego de «árabe», pero muy pronto empezó a destacar como protagonista de películas mudas de directores de Francia, Suecia y Alemania, destacando por su apariencia y su carisma. Su talento lo llevó a participar en «La sangre de un poeta» (1930), dirigida por Jean Cocteau, una obra icónica del cine experimental que marcó un antes y un después en la historia del séptimo arte. Según cuenta María José, Cocteau incluso le escribió a Enrique cartas suplicando su participación: «Imposible imaginar este trabajo sin usted», le decía.
Riveros no solo brilló frente a la cámara, sino que también fue parte de los círculos artísticos más importantes y exclusivos de la época. «Tengo fotos de mi abuelo con la Coco Chanel agarrados del cuello en una fiesta», cuenta impresionada la nieta. Además, trabajó con otros destacados directores europeos como Jean Renoir y Alberto Cavalcanti, consolidándose como una figura relevante del cine mudo.
A pesar de su éxito, Riveros decidió regresar a Chile en 1932. La familia, de raíces profundamente tradicionales, veía su incursión en el mundo bohemio del arte con recelo. En Chile, se dedicó a la agricultura y formó una familia con Teresa Barros Errázuriz, pero su vida artística quedó relegada al olvido. «Mi abuelo fue castigado por su apertura mental y su vida artística. Representa esa característica tan chilena de desechar lo que no encaja», dice María José.
Un legado por reconstruir
En 2012, María José y el artista visual Raúl Miranda impulsaron un proyecto documental titulado «Un actor» para rescatar la historia de Riveros y darle el lugar que merece en la memoria cultural chilena. La investigación reveló fragmentos de guiones, cartas de Cocteau y registros de sus películas. «Aunque no lo alcancé a conocer en persona, lo empecé a conocer por cómo hablaba mi familia siempre de él. Era todo un personaje. Reencontrarme con él a través de esa investigación fue impactante. Fue un hombre polémico, que no fue bien aceptado por su familia ni por el entorno en su época, pero a la vez siendo un hombre muy dulce, que dejó un muy buen recuerdo en todos quienes lo conocieron», reflexiona María José. Lamentablemente, el proyecto documental no prosperó por falta de financiamiento.
Para su nieta, el caso de Enrique Riveros es emblemático de un fenómeno chileno: la poca apreciación a figuras locales que desafiaron las normas de su tiempo. Olvidados como si fueran parte de una generación maldita.


