Carabineros, curas y pastores han visitado a la pequeña
Doris Godoy no puede dormir. En su departamento de la comuna de El Bosque, no hay diferencia entre el día y la noche. Hace 18 días que su hija Lisette está distinta y eso la tiene muy preocupada . El 15 de febrero pasado, la niña de 12 años veía televisión junto a su hermano mayor y algo inesperado arrasó con la calma familiar. «Ella comenzó a gritar con voz ronca y nos maldecía a todos. Mi hijo nos llamó porque decía que su hermana estaba loca», asegura la madre. En ese momento el muchacho tomó su celular y se puso a grabar el arranque de ira de Lisette. La niña, muy delgada y pequeña, se movía con una fuerza poco habitual en alguien de su edad. Su tío y su madre trataban de sujetarla. «Le rezamos con la Biblia y gritaba aún más», cuenta la mujer. En la grabación casera se ve a la pequeña gritar con fuerza. «Se le pusieron los ojos negros. En la casa además había olor a azufre y hacía mucho calor», asegura Doris.
Aunque el video dura poco más de un minuto, la familia cuenta que Lisette se mantuvo en ese estado por varias horas. «Mi hijo llamó a Carabineros y no le creyeron cuando contó lo que estaba pasando», recuerda la mujer. Sin embargo, los funcionarios llegaron y no podían dar crédito a lo que veían. De inmediato la llevaron a un servicio de urgencia del Hospital El Pino, pero en el lugar habrían descartado alguna enfermedad psiquiátrica, cuenta la mujer. Desde ese momento, los episodios se habrían repetido casi todas las noches y por la mañana, después del vendaval, la niña no recordaba nada.
Doris, desesperada, decidió dejar su departamento pensando que esa era la causa del trastorno de su hija. Querían partir a Peñalolén a la casa de unos familiares. «Carabineros también nos prestó ayuda para llevarnos esa noche. Estábamos en la patrulla cuando comencé a sentirme mareada. Al rato a mi hija le vino un ataque y comenzó a gritar descontroladamente», recuerda la mujer. En ese momento decidieron llevar en el mismo vehículo policial hasta la Parroquia Santo Domingo Savio, en San Ramón.
En ese lugar se vivió un ritual poco común que también fue registrado en un video. Lisette fue recostada en un sillón amarillo, mientras a su alrededor estaba su familia, dos carabineros la sujetaban y un párroco rezaba un Padre Nuestro a su lado con una Biblia en la mano. «La casa me pertenece, mis hermanos están ahí», bramaba la niña con una extraña voz. Retorciéndose y gritando, reaccionaba cuando el cura le ponía agua bendita en la frente. «Tienes que ser fuerte para sacarte este mal», le ordenaba el párroco. «No la dejaré», respondía gritando Lisette. Después de 20 minutos la niña logró calmarse, cuenta su madre. «El curita me dijo que rezara mucho, pero ella sigue igual», aseguró. «Estoy muy asustada, no sé qué hacer», agregó afligida.
En la parroquia, no quisieron referirse al tema, mientras que Carabineros aclaró que no se trató de un procedimiento policial y que solo prestaron colaboración en el traslado de la niña.
Historiador cuenta las penurias de Carmen Marín.
La primera «endemoniada de Santiago»
«Cuando se habla de exorcismo en Chile uno puede remontarse a 1857 con el caso de Carmen Marín», asegura el historiador Gonzalo Peralta.
Eso sí, advierte que finalmente «se demostró se trataba de un caso esquizofrenia galopante». Así queda registrado como el primer caso siquiátrico de Chile. Evidentemente los médicos fracasaron porque no estaban en condiciones de tratar una enfermedad desconocida».
Peralta explica que Carmen Marín fue sometida a tratamientos «bastante aberrantes como punciones o la aplicación de ungüentos pero no se sanó porque supuestamente estaba poseída. Esto generó mucho debate entre médicos y curas». Así pasó a la historia como «la endemoniada de Santiago».
¿Cómo se resolvió el caso? «Un médico de apellido Carmona comienza a investigar y se da cuenta que la conducta de Carmen Marín estaba supeditada a su historia en las calles de Valparaíso. Con un informe con explicaciones médicas y la investigación de la historia de la muchacha logra demostrar que no estaba poseída», concluye Gonzalo Peralta.


