Javier Margas echa de menos las buenas relaciones sociales en el fútbol
Los jugadores con suerte hablan por WhatsApp con los entrenadores, dice el exdefensor.
Cuenta Javier Margas que su hijo Luis quedó en shock al saber que su papá había jugado en la Premier League, vistiendo los colores de West Ham United. «Ahí fue donde le enseñé a jugar fútbol a Rio Ferdinand, jajajá», comenta Marguitas sobre su experiencia como compañero del joven zaguero que luego sería figura de Manchester United y de la selección inglesa.
Es que no son muchos los chilenos que han jugado en la Premier League.
«Claro, y menos siendo tronco y malo como era yo, jajajá».
En su época, además, no había representantes que los sacaran jóvenes fuera de Chile. ¿Le hubiese gustado tener uno cuando jugaba, del tipo Fernando Felicevich?
«Sí, en el sentido de que ahora los representantes se preocupan de todo y uno sólo tiene que rendir. Yo jugué en México y en Inglaterra y tuve apoyos, pero sólo eventuales para poder irme a esos países de tipos como Daniel Nupieri y Ronnie Katzav. Hoy, Luis está con Felicevich y acompañado de Sebastián Rozental y siento que lo están ayudando a hacer su carrera».
O sea, a usted le hubiese gustado jugar en este tiempo.
«La verdad es que no sé si yo jugaría hoy».
¿Por qué?
«Porque todo es más frío y no hay códigos».
¿Qué significa eso exactamente?
«Que si bien las cosas pueden ser más profesionales que antes, ya no existe la cercanía con las personas, la buena relación, la amistad y el compañerismo que, para mí, fueron importantes en mi carrera y que siguen siendo trascendentales en mi vida».
¿En qué se nota eso?
«En muchas cosas. Para empezar, en la relación con los entrenadores. A mí los DT me hablaron mucho cuando era cabro chico y tuve entrenadores como (Arturo) Salah, (Mirko) Jozic y (Nelson) Acosta que, siendo distintos en la forma, te decían lo que esperaban de ti. Hoy los jugadores con suerte hablan por WhatsApp con los entrenadores, y eso yo le he visto en el caso de mi hijo. No me parece que sea la forma de entablar un diálogo con un jugador».
Usted habló también de que no hay códigos. ¿Entre quiénes?
«Entre todos. Con los entrenadores, con los dirigentes, con los compañeros. Incluso con los periodistas».
¿Había códigos con los periodistas? ¿Y se perdieron?
«Claro. Y por culpa de todos. Los jugadores que empezamos a vetar si algo no nos gustaba y ustedes (los periodistas) que, poco a poco, y ahora con las redes sociales en su nivel más alto, cualquier cosa la transforman en escándalo. Antes no era así. Yo veía todos los días a los mismos reporteros en el Monumental y con el tiempo ya nos conocíamos todos. Incluso había un gran periodista ya fallecido que en vez de preguntarme siempre lo mismo me veía, me levantaba la mano y me decía: date por entrevistado, yo le decía ok, y después escribía su nota sin que yo tuviera algún reparo. Con otros incluso podía salir a tomarme un café o ir a cenar. O tomarnos un trago. Hoy eso es impensado. Todo es sospechoso. Todo queda al descubierto como dejando entrever que se hacen cosas malas. Yo no podría haber vivido así».


