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Autor de la Foto: CÉSAR GONZÁLEZ
Bonnie Troubles, una niña problema en la escena burlesque
Gabriela (27) empezó después de una adolescencia complicada: fue mamá a los 15, detestaba el colegio y a sus papás no les gustaba (ni les gusta) lo que hace. Acá habla de armar la vida a su antojo.
Camila Gutiérrez @joven_y_alocada
Cada persona que pasa, la mira. El pelo negro, las cejas muy bien dibujadas, la boca muy roja, los dientes muy blancos, la piel llena de tatuajes; tatuajes oscuros, tatuajes de colores fluorescentes, tatuajes que tapan tatuajes de los que se arrepiente, un tatuaje de una mamadera y un chupete que se hizo hace dos años -cuando nació su segunda hija-, un tatuaje de la cara de Dita Von Teese, ex de Marilyn Manson y, probablemente, la bailarina de burlesque más conocida del mundo; un tatuaje justo en la clavícula que dice una sola palabra: «troubles».
Gabriela es Bonnie Troubles desde hace cinco años. Tenía 22 y coqueteaba con la estética pin up cuando se convirtió en bailarina de burlesque, un estilo de show de seducción llevado al extremo. Como se pensó el Bim Bam Bum, que partió en Chile en los 50.
La primera parte de su nombre es fácil de explicar. Homenaje a Bonnie, de «Bonnie and Clyde». Troubles, en cambio, toma más tiempo:
«Cuando empecé a ir a fiestas, tenía atados con muchas minas que me tenían mala y ni me conocían. Una vez me encontré en una fiesta con una que y siempre se hacía la mala. Yo dije: Cuando la vea, le voy a pegar . Y me la encontré. Yo había dicho que le iba a pegar y no podía no hacerlo. Si dices algo, tienes que cumplir. Ya no pienso así, pero en esa época no me importaba nada. Me la encontré en el baño y le pegué un combo. Uno solo. Y se armó el manso escándalo. Ella puso una demanda y me cambié el nombre en Facebook de perseguida. Me puse Bonnie Troubles. Troubles, por lo que había pasado».
La historia de Bonnie parte antes. Tal vez cuando vivía en Maipú, paradero 14 y medio, Metro del Sol, y miraba a su vecina, Tamy, que se paseaba con un pololo. Los dos eran rockabilly. Ella tenía el pelo rubio platinado. Él se lo peinaba hacia atrás. Gabriela, que había pasado por varios estilos, se alucinó. «De día y de noche me volví una pin up. Peinado, maquillaje, vestidos».
-¿Te decían algo tus papás?
-Es que mis viejos siempre fueron como «qué le pasa a esta cabra». Desde chica. Por último, a mi viejo le gustaba más porque andaba como de los años cincuenta y no con la cabeza rapada como antes.
Antes: iba en el colegio y lo detestaba.
«Yo me sentía marginada y mis compañeros me marginaban. Y eso que en el curso había de todo: nerds, feas, lindas, los típicos grupos. También estaban los raros, pero ni de ese grupo me sentía parte. Yo era una sombra en la sala».
-Además no querías seguir el camino típico universitario.
-No. Es que a mí tampoco me gustaba la volada del colegio. Si no te va bien, eres un tonto y te marginan, pero no significa que esa persona que no sea buena para otra cosa.
Bonnie se demoró más tiempo en el colegio del que le habría gustado. Tuvo que salirse en primero medio. Había quedado embarazada de Antonia, su primera hija.
«Tuve dramas brígidos con mis viejos. Lo pasé horrible, pero ya no tengo tiempo de pensar en esos momentos malos y estoy tan metida en la pega que estoy pensando hacia delante».
-¿Te arreglaste con ellos?
-Sí, pero nos vemos poco porque no asumen mi estilo de vida. Más que por la ropa, son los tatuajes, los shows, que trabaje en una tienda de tatuajes. Les molesta todo. Mi mamá como que ya me aceptó. Me fue a ver a un show una vez. Pero mi papá nunca. No le he mostrado lo que hago, que no es lo que él se imagina.
-¿Y qué se imagina?
-No sé bien. Es que mi viejo es chapado a la antigua. No sé cuál es su problema. Quiero pensar que él tiene otra mente y yo soy de otra época.
Lo de Bonnie, entonces, se ha tratado de ser quien quería ser. Primero, con un estilo. Aunque a veces se le complique.
«Si ando con ropa corriente y poco maquillaje, la gente me mira raro o los guardias me persiguen en el supermercado con cara de Ah, va a robar, pero cuando ando más arreglada así estilo pin up clásico la gente te mira bacán».
Segundo, con un modo de vivir: bailar burlesque, preparar sus shows durante semanas, presentarse con el espectáculo Cabariete, incluir bondage en sus presentaciones: Bonnie se amarra de distintas formas eróticas.
«El bondage está súper ligado con ser pin up. He ido a fiestas de BDSM (Bondage, Disciplina, Sadomasoquismo) y son cosas que respeto caleta, me gusta ene la estética, pero no voy a participar».
Bonnie no sólo ha logrado ser quien quiere con un estilo y con sus shows. También con su cuerpo.
«Al principio era pudorosa, no me acostumbraba, no sé. Era algo raro. Cuando empecé a hacer fotos se me empezó a quitar el pudor. Ahora siento que conozco mi cuerpo y sé cómo usarlo. Yo sé que no soy mijita rica. Si la gente te ve así o te sientes así, es solamente una cosa de quererte. Puedes tener las medias gomas y estar toda llena de músculos, pero si eres insegura, nunca te vas a ver de esa forma. Para mí, ser segura ha sido un proceso de aprendizaje. Ahora no estoy más rica que antes, pero sé cómo usar mi cuerpo y aparte que, pucha, puedes tener un poco de guata o tener el culo más grande de lo que se supone, pero si sabes mover tu cuerpo y mirar a la gente, eso pasa a segundo plano. Mi show no es que la gente va a mirar una mina en pelota. Lo mío es toda la escena. La gente se preocupa en cómo miras, cómo te acercas, cómo te tocas el cuello, cómo te mueves. El burlesque es fantasía».


