Familia cuenta cómo salió ilesa del derrumbe de la torre Borde Río
El llanto de su guagua les permitió estar en el lugar preciso, en el momento preciso
Es imposible imaginarse cómo pudo tener tanta suerte Günter Bohn. Con la torre Borde Rio en el suelo, él y su mujer, Maribel Alarcón, lograron salir de entre los escombros cargando a Oliver, su pequeño hijo de dos años. Los padres resultaron con lesiones muy menores y el niño se veía incluso muy alegre.
«Sólo treinta segundos antes del terremoto mi bebé se puso a llorar, eso fue lo que permitió que ahora estemos vivos. Nuestro angelito nos salvó», relata Günter, quien al mirar su departamento destruido recuerda su escape con lujo de detalles.
«Después de la verdadera alerta que nos dio nuestro hijo fui a su pieza y comenzó a temblar, mi pieza desapareció y mi mujer, que se encontraba en el baño preparándose para acostarse, corrió luego hacia donde estabamos», dice, para agregar: «el terremoto y posterior derrumbe del edificio lo pasamos los tres abrazados en la cama de mi niño. Yo estaba encima de mi familia protegiéndola con el cuerpo ante la posible caída de escombros. Terminado el terremoto miré por sobre la cama de Oliver y por suerte encontré la puerta que estaba detrás de la cama. Todo estaba dado vueltas».
La mujer de Günter dice que la ventana de su baño quedó como si fuera una ventana hacia el infierno, con la orientación hacia el suelo. «Debajo no se veía nada, un hoyo negro, fue terrible».
Luego, el matimonio relata cómo fueron ayudados por un grupo de jóvenes que estaban en la calle Padre Hurtado, frente al edificio siniestrado. Günter dice que el par de muchachos tenían unos quince años y estaban a punto de entrar al edificio a buscar a un amigo. «No lo hicieron y se salvaron. Luego nos vieron y alumbrando con sus celulares nos ayudaron a escapar», remata Günter.
Al momento de dar esta entrevista, Günter se reencontró con su hermana en plena calle que lo buscaba desesperadamente desde que se que desató la tragedia.


