El doctor en teoría política Pablo Ortúzar analiza lo bueno y lo malo del gobierno del Presidente Boric
Para el académico, los peores ministros fueron Manuel Monsalve, Nicolás Cataldo (Mineduc) y Antonia Orellana (Mujer). El mejor, Jaime Pizarro, en Deporte.
A las 12:30 horas del miércoles 11 de marzo, en el Salón de Honor del Congreso Nacional, y si todo sale según lo planificado, el Presidente Gabriel Boric le entregará la Piocha de OHiggins al presidente electo José Antonio Kast, y luego volverá sobre sus pasos hasta el umbral que lo separa de la calle para convertirse en un ciudadano más. Pero con una diferencia crucial: sobre sus hombros tendrá que cargar, hasta el fin de sus días, con un peso tan colosal como simbólico y que la Historia suele llamar el legado.
Al respecto, el doctor en teoría política, Pablo Ortúzar, cree que hay material suficiente para llegar a ciertas conclusiones.
-¿Cuáles cree usted que son los principales desaciertos de este gobierno y por qué?
«Este gobierno tiene un pecado de origen: usaron el caos del estallido social como una escalera para llegar al poder. Apoyaron una constitución que desollaba y desmembraba Chile. Hicieron una oposición desleal y mezquina durante una pandemia. Y apoyaron retiros que dejaron sin ahorros previsionales a buena parte del país y que desataron una inflación que dañó la capacidad adquisitiva de toda la clase trabajadora. Estuvieron dispuestos a todo eso, supuestamente porque los movían ideales, deseos y valores superiores a los del resto. Y luego, instalados en el poder, no hicieron nada que estuviera a la altura de justificar toda esa destrucción. A lo más fueron mediocres. De hecho, hoy se defienden diciendo que no lo hicieron necesariamente peor que los gobiernos anteriores desde el retorno de la democracia. Los mismos a los que antes trataban como la peor y más inmunda escoria».
-¿Qué tan determinante para el gobierno fue el fracaso de su apuesta por el plebiscito constitucional?
«Muy importante. Esperaban un poder total para hacer y deshacer. Recordemos que el contralor Bermúdez, siempre mezquino con Piñera y servil con Boric, le aconsejaba al segundo por el diario que gobernara mediante decretos durante la transición constitucional. Si en algún momento peligraron la democracia chilena y las libertades fundamentales fue durante el empuje constitucional de la izquierda radical, detenido sólo por la derrota del 4 de septiembre. Después de eso, el gobierno tuvo que cambiar de tono y estrategia para mantenerse a flote».
-¿Qué cosas positivas hizo?
«El copago cero es una política razonable. Las vacunas infantiles contra el virus sincicial son un tremendo acierto. Supongo que por eso fueron casi la primera cosa que se le vino a la memoria al Presidente en su entrevista con Don Francisco. De hecho, también mejoraron mucho en las campañas de vacunación: fueron de menos a más en eso, que es muy importante. Y la ley Papito Corazón, así como parte de su esfuerzo en relación a los cuidados y a la responsabilidad personal por otros, me parecen filosóficamente bien guiados. No pura cháchara sobre derechos, sino también responsabilidades y deberes».
-¿Por qué el gobierno no fue capaz de tener una respuesta contra la delincuencia y la inmigración ilegal que convenciera a la ciudadanía?
«Porque no son temas en los que tengan convicciones alineadas con el sentir ciudadano. Lo reconoció Carolina Tohá en París: la izquierda woke solidariza más con los delincuentes que con las víctimas. Desconfía de las policías y de su labor. Y en temas migratorios es lo mismo. Eran ellos los que afirmaban que en Chile había demasiados chilenos y que ningún ser humano es ilegal. Es olímpico que Luis Thayer Correa, que era uno de los que repetían estos eslóganes, haya sido mantenido como jefe del servicio nacional de migraciones durante todo el gobierno. En el fondo, nunca se creyeron el discurso de seguridad y orden que se vieron obligados por las circunstancias a adoptar. Esto es especialmente transparente en el Frente Amplio: la mitad de ellos votó contra las leyes de seguridad del gobierno, votaron por Jara en vez de Tohá, que había sido su ministra del Interior, y apenas pudieron culparon al PS de la aprobación de la ley Naín-Retamal. Ese es el nivel».
-¿Cuáles fueron los ministros que peor lo hicieron y por qué?
«Monsalve gana punto, set y partido como peor ministro. Lo suyo no tiene comparación. Cataldo (Mineduc), por su parte, es el peor de los que no terminaron procesados. El nivel de desolación y abandono de la educación durante todo este gobierno es tan absoluto y total, que a la gente se le olvida evaluarlo mal, porque no recuerdan que hubiera habido un ministerio a cargo. Luego creo que viene Montes (Vivienda). El tema de las reconstrucciones es una vergüenza nacional. Antonia Orellana (Mujer) vendría después porque el feminismo progresista probablemente nunca se recupere del silencio que guardaron frente al caso Monsalve, lo que los desperfiló por completo. Después Jackson (Desarrollo Social) con los círculos concéntricos y los balones de gas morados. Y, finalmente, y aunque no es ministra, Javiera Martínez de la Dipres, algún día tiene que contar la firme de qué pasó ahí. Es realmente impresionante que las cuentas nunca calzaran».
-¿Y los ministros que mejor lo hicieron?
«Jaime Pizarro debe ser de los mejores ministros de deporte en nuestra historia. Y este gobierno organizó varios eventos deportivos. Carolina Tohá fue valiente y ejerció bien su cargo de ministra del Interior. El caso de Camila Vallejo, finalmente, es ambiguo, porque ejerció hábilmente su cargo, cubriéndole la espalda al Presidente en la mayoría de las ocasiones, pero cuando las cosas se ponían demasiado complejas, desaparecía. El caso más absurdo fue cuando asumió como rostro de la reconstrucción de Viña y luego se hizo humo. También terminó mal por su mal uso del caso Julia Chuñil, que empañó su ya dudosa agenda anti fake news».
-¿No es un logro el fin del estallido?
«El volumen de las personas protestando en la calle disminuye con el acuerdo del 15 de noviembre. Y luego declina hasta la extinción con la pandemia. Los rebrotes posteriores son en algunos casos muy violentos -todos recordamos el cómo quieren que no lo quememos todo de la Presidenta de RD Catalina Pérez, luego de que los ultras incendiaran Panguipulli por nada- pero marginales. Lo que sí desaparece con el gobierno de Boric son las organizaciones civiles y sindicales haciéndole zancadillas persistentes al gobierno, así como el movimiento feminista y el movimiento estudiantil. Esto dejó en evidencia la instrumentalización de esas causas por la izquierda».
-El estado actual, ¿amerita como para definir el próximo gobierno como un gobierno de emergencia? ¿Que se cae a pedazos?
«El país no se cae completo a pedazos, pero varios pedazos del país sí se están cayendo completos. Tenemos un presupuesto reventado y descuadrado, un crecimiento económico estancado, un desempleo desatado, el crimen organizado entrando por todas partes – le acaban de tirar un cadáver frente a su casa a una alcaldesa, aquí en Santiago- y la demografía apuntando a la extinción. Más encima ahora quedamos como jamón del sándwich en la batalla hegemónica entre China y Estados Unidos. Por lo demás, si no somos todavía un estado fallido es exclusivamente gracias a que se rechazó la propuesta constitucional promovida por el propio gobierno».
-Así las cosas, ¿cómo cree que le va ir a José Antonio Kast en la Presidencia?
«El principal desafío de Kast es no ser simplemente un anti-Boric. Eso sería un fiasco. Se requiere alguien que rompa el nudo gordiano de la clase media chilena, y que pasemos de la guerra de élites actual a un nuevo pacto de clases. Pero es muy difícil lograrlo».
«Este gobierno tiene un pecado de origen: usaron el caos del estallido social para llegar al poder», Pablo Ortúzar.


