La regla interna es estricta: dentro de la consulta todo es profesional
Hay personas que no ven nunca a su mamá, valora Joaquín Navarro .
Cuando Joaquín Navarro estudiaba Odontología, su mamá, Carolina Tapia, era prácticamente parte de su curso: le servía de paciente para todos los ramos y, además, le conseguía a otros pacientes para las prácticas. «En la parte de pediatría odontológica le llevaba niños. Los compañeros de Joaquín me decían tía, usted pasa más en la U que el Joaquín», recuerda Carolina.
Cuando Joaquín egresó y abrió su consulta en Reñaca, la secretaria que tenía lo dejó botado; probó con dos reemplazos y ninguno funcionó. Un día almorzando, le pasó el celular a su mamá: para que los pacientes no se enteraran quién era, se inventó un nombre. «Yo era la Javiera», recuerda.
Hace dos años Joaquín cerró su consulta en Viña y abrió Buddha Clinic en Santiago, centro dedicado a la estética que cuenta con Yamila Reyna y Disley Ramos entre sus pacientes. Carolina también dejó todo y se vino: llegó con sus perros y su hijo menor, quien se cambió de sede en su universidad para acompañarlos.
Cosmetóloga de profesión, en el nuevo centro Carolina Reyes empezó haciendo limpiezas faciales en cabina; de a poco, fue pasando a la parte operativa: hoy lleva los proveedores, las cuentas y la parte financiera de la clínica. «Yo le digo a Joaquín que tengo las llaves del trono, jajá».
En la clínica, algunos pacientes piensan que son hermanos. Hace un par de años ambos partieron a Ibiza a celebrar el cumpleaños de Joaquín y nadie creía que Carolina era su mamá. «A mí me encanta que me confundan», dice ella. Pero la regla dentro de Buddha es estricta: ahí no son parientes. Carolina lo llama «Doctor Joaquín» y él le responde «Carolina».
«Si no se definen los roles, no resulta. En la clínica somos súper serios. Cuando salimos vamos a comer, conversamos, echamos la talla. Pero en la pega no somos parientes», recalca Joaquín. También aplica el dicho de «casa de herrero, cuchillo de palo»: ella le pide hace tres meses una limpieza dental que no llega; él le insiste con un bótox que tampoco. «Nos pasa a todos en la clínica», asume.
La sociedad viene heredada de antes. Los padres de Joaquín se separaron, el papá vivía en España y Carolina cumplió los dos roles. «Siempre estaba ahí al lado tirando buena onda. Cuando yo no quería estudiar, me ayudaba. Es como esa mamá que transmuta todas las cosas negativas a algo positivo», valora. Donde chocan, dice Joaquín, es en el ritmo para incorporar cambios. «Yo soy más rápido para implementar nuevos procesos, probar cosas nuevas. Ahí ella es más dura. Sí discutimos, a veces nos queremos matar, pero es parte de la vida».
Joaquín, ¿qué es lo mejor de trabajar con su mamá?
«Poder estar con ella. Hay personas que no ven nunca a su mamá. Los pacientes me lo dicen seguido: hay que aprovechar. Cuando uno emprende y las cosas son difíciles, se arrepiente de no haber pasado más tiempo con la familia. Poder pasar tiempo con ella es bacán».
¿En qué momentos siente que ella es clave para usted?
«En lo personal, a veces tengo la mente más frágil. Entonces ahí está ella y me tira para arriba. Cuando uno le cuenta algo, ella se hace cargo, porque a veces tuvo el rol de ambos, papá y mamá. Es como esa persona que siempre te dice dale, sigue para adelante».
Carolina, ¿qué pasa cuando algún paciente se da cuenta de que es la mamá del doctor?
«Hay muchos pacientes que saben y muchos otros que no. Me preguntan ¿tú eres algo del doctor Joaquín?, sí, soy la mamá, no te creo, yo sabía que eran algo, porque tienen la misma mirada. Y algunos me confunden con su hermana, a mí me encanta».
Un Whatsapp para el trabajo, otro para la vida
Vivian de Barros era editora de moda en Brasil cuando Giulia, su hija chica, la acompañaba a las producciones. Hoy Vivian es manager de Giulia. La regla de la casa: en el trabajo no es su mamá, es su representante.
Para no mezclar, tienen dos WhatsApp. «Cuando tenemos un problema familiar no mezclamos el trabajo», plantea. En el de trabajo ven las fechas de entrega de reels, los posteos y las propuestas.
Lo que más facilita el trabajo, dice Vivian, es que se conocen desde siempre. «Yo sé lo que le va y lo que no. Es muy fácil trabajar con Giulia. Cuando ella grababa teleseries, yo era de las pocas mamás que entraba al set. Con una mirada nos entendíamos», recuerda.


