El conductor de Vía X está teniendo un granaño profesional.
La vez anterior en que destaqué a Eduardo de la Iglesia como individualidad televisiva se metieron los duendes y escribí «Enrique Iglesias». Fue sin querer queriendo. Ni siquiera sé si canta tan mal como el hijo de Julio. Esta vez intentaré concentrarme más.
Digo «Esta vez» porque vuelvo a referirme a este comunicador viñamarino al que hoy, tras su paso por La Red, podemos seguir en el late de Vía X «Todo va a estar bien», que es una suerte de «Humanamente hablando», pero más informal y lúdico. Un solo ejemplo de lo último: el protagonista de esta columna le pregunta a Cristóbal con qué artista urbano cantaría y le da como opciones a Marcianeke, Jordan 23, Paloma Mami y Polimá WestCoast. El intérprete de «Basta ya» escoge a este último y al ser consultado por el conductor por el motivo responde, pragmático a rabiar: «Se le entiende lo que dice».
Apoyado por una gran producción, hace que nos desayunemos al constatar que la chaqueta a cuadros que usaba Mauricio Flores para dar vida a Melame es la misma que lucía el legendario tío Memo (Domingo Sandoval) en «El show de los bochincheros». Nos recuerda el talento de actores no siempre invitados a los canales grandes, que llevan siempre a los mismos. Estuvo por estos días conociendo más a Paulina Magnere, Álvaro Scaramelli, Turrón, Luis Dubó y Magdalena Montes. El programa es un desfile permanente de «los sin tele», muchas veces injustamente marginados de este medio. Esto, sin perjuicio de que Eduardo también lleva a figuras más acostumbradas a las cámaras a su amplio sofá con cojines con su rostro de veinteañero (que no tiene muchas diferencias con el actual)
Logra complicidad con actores como Alex Zisis y saca a relucir su lado femenino para interactuar con Andrea Sanhueza (viuda de Roberto Bruce) y Daniela Kirberg (ex de Julián Elfenbein), conductoras del podcast «Ella, la mala madre».
Es que Eduardo tiene un carisma especial, uno que no se compra con criptomonedas y que hace que quienes visitan su set se abran y compartan confidencias inéditas.
Este chiquillo definitivamente vive un segundo aire en su carrera, uno tan vigoroso que ya se empieza a pensar por qué los canales grandes no mueven sus grúas hacia él y lo hacen parte de sus filas. Ya estuvo en el 13 hace unos años, pero hoy ha ganado horas de vuelo, pantalla y madurez, sin perder sus principales características, que son el carisma, la empatía, la cercanía con el televidente y una superlativa capacidad de adaptación a sus invitados.


