Estuvo en la zona más dañada para el sismo y con todos los horrores que vio, un profundo análisis lo llevó a darse cuenta que andaba puro paveando.
«Con el terremoto se produjeron dos extremos. Está el hombre que miró a su mujer y dijo qué hago con esta lesa que me tiene amargado si mañana me puedo morir, y se separó. Otros revaloraron los afectos y volvieron con sus ex».
Con esta frase Pablo Mackenna sintetiza su reconciliación con su señora, Javiera Díaz de Valdés, tras cinco meses separados. Y que el poeta utilice al terremoto del 27 de febrero como un antes y un después en su vida amorosa no es antojadizo.
El viernes 26, Mackenna estuvo hasta las nueve de la noche arriba de un bote con un equipo del programa «La liga», de Mega, en alta mar frente a la costa de Lebu, grabando una nota sobre la vida de los pescadores artesanales. Esa misma noche sus compañeros regresaron en una van a Santiago. Él les pidió que lo dejaran en Chillán, donde se reunió con unos amigos poetas. «El terremoto me pilló carreteando en una disco que se cayó a pedazos», cuenta.
Otra persona hubiera preferido regresar de inmediato a su casa. Pablo no. El sábado 27 estaba recorriendo Coronel con una cámara prestada, su celular descargado y sin un peso en el bolsillo, grabando imágenes para «La liga»: «Sentí que tenía que hacer mi pega».
Durante cuatro días vivió de «la caridad de la gente, de los panes con mortadela que me convidaron». Presenció escenas tan terribles «como una madre que no se despegaba de la playa, esperando que el mar le devolviera el cuerpo de su hijo», cuenta.
Y entre tanto «horror» tuvo su propia introspección. «Fue un remezón que me hizo replantearme todo. Uno se toma la vida con mucha levedad. Peleas un día con tu pareja y dices ah, ya que se vaya a la cresta y listo. Los sentimientos estaban, pero el terremoteo me ayudó a darme cuenta de que andaba puro paveando».
-¿Te la vas a jugar en esta segunda vuelta?
-Eso suena como si estuviera haciendo un esfuerzo. No, las fichas del tablero se reubicaron, o mejor dicho, volvieron al lugar donde siempre debieron estar y que la vida loca me hizo olvidar. El detonante fue darme cuenta a quién fue la primera persona que llamé después del terremoto. A quién quería abrazar en ese minuto. Y ahí vino la reflexión: ¿qué cresta estoy haciendo de no abrazarla todo los días si puedo hacerlo?
-¿Qué pasó antes, Pablo? ¿Por qué se separaron?
-Eso es demasiado íntimo para contarlo en una entrevista. Sólo te puedo decir que la primera vez todo fue muy rápido. A las tres horas de empezar con la Javiera yo le estaba diciendo: este es tu lado de la cama y acá está tu mitad del clóset . Nos apresuramos un poquito, jajá. Pero el orden de los factores no altera el producto. Nos faltó el pololeo, ahora lo estamos haciendo y es maravilloso. Estoy en el paraíso.
-¿Están viviendo juntos?
-No. Esto es como un pololeo de quinceañeros, jajá, y a la antigua. Ella tiene su casa y yo la mía. Estamos felices, tenemos una hija maravillosa (Rosa, de casi dos años) que está un poco celosa, porque antes tenía al papá y a la mamá sólo para ella y ahora tiene que compartirlos… Pero no nos hemos puesto ningún plazo. Es mejor que las cosas se vayan dando con calma.


