Investigador analiza los últimos hechos de violencia
En la última semana se han registrado 19 homicidios en la Región Metropolitana.
Pablo Zeballos, autor del libro «Un virus entre sombras, la expansión del crimen organizado y el narcotráfico en Chile», lleva años estudiando la criminalidad de nuestro país y el continente. Y entrega algunas luces de cómo entender lo que ha ocurrido estos días.
«Creo que hay una reconfiguración de nuestra delincuencia común y también el ingreso de estructuras criminales un poco más avanzadas, con algunos referentes internacionales. Esta reconfiguración tiene un trasfondo, que tiene que ver con el control de territorios y economías ilícitas, no solamente el territorio para controlarlo, sino esencialmente los mercados ilícitos que pueden explotar en ese territorio», explica el experto.En esa lógica, agrega, «las fricciones entre las estructuras o grupos criminales, se dan con más fuerza y la frecuencia de esa violencia va generando un loop de violencia, hasta que alguna estructura tenga supremacía, logre el control o llegue a un acuerdo».
Zeballos asegura que «lo más grave de esto es que en la medida que aumenta este loop de violencia, la posibilidad de que existan víctimas inocentes se hace más amplia, porque los criminales que están en estas luchas por territorios tratan de ocultarse de sus adversarios y en los momentos en que no están ocultos es cuando la protección la da la propia ciudadanía, que puede estar en una feria o en un lugar concurrido de personas y ahí es cuando el riesgo de que esta violencia afecte a personas que no tienen que ver con esta dinámica criminal es más alto».
Llama la atención la gran cantidad de balas que se están usando. En un lugar hubo cerca de 100 tiros.
«Las estructuras criminales que uno observa actualmente emerger en las dinámicas criminales de Chile demuestran que hay un fenómeno importante, que no solo tiene que ver con dominar un territorio o un mercado ilícito, sino que con la capacidad de hacerlo. La capacidad que nosotros observamos hoy día tiene mucho que ver con la cantidad de armas que estas personas portan, que poseen, las técnicas que aplican para utilizar estas armas, las formas como están o hasta qué punto están dispuestos a utilizarlas para su objetivo final de control territorial y economía ilícita.
Entonces, lo que observamos es que en la competencia por este objetivo, el mercado de las armas se convierte en un nuevo mercado criminal tremendamente atractivo, probablemente muy rentable, tanto como el narcotráfico y la extorsión, para estructuras intermedias que están dispuestas a entregar estas armas a los ejecutantes de estas dinámicas por territorio».
Y ahora todos manejan armas, no sólo el jefe de la banda.
«Lo que pasa es que en momentos de lucha territorial, las estructuras criminales requieren estar preparadas para lograr su objetivo. Eso involucra dos aspectos esenciales: la cantidad de personas dispuestas a integrarse a la organización criminal y la capacidad que tienen esas personas de utilizar armas de fuego y, por ende, la capacidad que tiene la estructura para tener esas armas. Y ahí, como símbolo esencial, vemos la violencia y el desprecio por la vida del adversario para obtener su objetivo».
¿Usar tantas balas tiene que ver con ostentación, con demostrarle poder a la otra banda?
«Sí, indudablemente. Es demostrar la capacidad que tienen. Hay un concepto bien interesante que tiene que ver con la semiótica criminal, el mensaje del crimen. Uno de los mensajes criminales es demostrar que tengo una capacidad logística y de operatividad y también de desprecio por la vida, de poco miedo a las autoridades, lo que me hace ser una estructura superior a ti para el control del territorio de este mercado ilícito. También hay un exceso gigantesco de uso de munición de guerra. Hay que preguntarse cuál es el origen de esa munición».
¿Esta serie de crímenes hay que leerlos como parte del crimen organizado o es delincuencia común?
«Es importante aclarar que si bien la delincuencia organizada y el crimen organizado parecen ser sinónimos, son cosas muy diferentes. La delincuencia organizada son grupos de estructuras que tienen un objetivo común, que tienen capacidad para ejecutarlo, pero cuya finalidad última es incorporar dinero para beneficio propio. El crimen organizado es más complejo y tiene que ver con estructuras que, independiente que realizan acciones criminales y muy violentas, tienen una intención de penetrar el tejido social, corromper la política, generar influencias dentro de las políticas públicas para permanecer en el tiempo, para su beneficio último, que es tomar las ganancias de la economía ilícita e inyectarla a la economía formal. Entonces lo que nosotros podemos estar observando en Chile es una lectura de ambas situaciones, un cambio de la delincuencia común a delincuencia organizada y también el ingreso del crimen organizado a Chile».
¿La violencia de los últimos días sería más bien delincuencia organizada?
«Puede ir de la mano de ambas, porque a veces el crimen organizado utiliza estructuras de delincuencia organizada para el control de su objetivo, mercados o territorios. Eso es lo que podríamos definir como un ecosistema criminal, que es vivo, que está en permanente movimiento y que involucra tanto a estructuras organizadas como locales y que también puede generar intenciones de ir un poco más allá de eso. No hay que bajarle el perfil, porque es un verdadero ecosistema donde se relacionan múltiples organismos en diferentes estadios».


