Ernesto Ramírez Peña explica su demencial cierre de partido en la Copa Chile
Una suerte de homenaje al desaparecido Carlos Alberto Campusano se transformó en el sello de sus transmisiones.
Ernesto Ramírez Peña no lleva la cuenta de cuántas veces dice «terminó» cuando finaliza un partido de fútbol. «A veces lo extiendo más, a veces hago una pausa. Depende de cómo termine el partido. Algunos terminan con emoción, otros no», dice el relator de 52 años que se volvió viral por decir esa palabrita 88 veces en 26 segundos al final del duelo de ida entre Chimbarongo FC y Santiago City por la Copa Chile, en San Fernando. Chimbarongo ganó 4-2.
Ramírez Peña lo adoptó de los relatos que hacía el desaparecido Carlos Alberto Campusano, el Gordo Campusano, en la radio Chilena. «Lo adopté el 92 o 93 y se ha transformado en mi patente de relato. En la calle me gritan: Terminó, terminó, terminó. Y no he terminado, jajajá», dice.
«La posibilidad de este relato tiene que ver con varias cosas puntuales: la coordinación fono respiratoria, que es la sincronía entre la musculatura implicada en la fonación, es decir, la producción del sonido, y la respiración; la flexibilidad vocal, la capacidad para variar parámetros de la voz, lo que está relacionado con el tono, la intensidad, el timbre y la duración; una adecuada articulación de los órganos, lengua, labios, dientes, paladar duro, paladar blando, mandíbula, maxilar superior, en el momento del sonido, para lo cual tiene que haber una tonicidad muscular adecuada que permita la agilidad articulatoria, y también es importante la presión subglótica, que tiene que ver con el aire que se genera por debajo de la glotis, que es el espacio entre los pliegues vocales», explica la fonoaudióloga Vania Miranda, magíster en estrategias de intervención vocal de la Universidad del Desarrollo y docente clínico de la Academia Vocal de Chile.
Hay personas que desarrollan naturalmente esta capacidad, pero también se puede entrenar por profesionales de la voz, como locutores, actores y doblajistas, entre otros, dice Miranda.
Ramírez Peña se entrenó desde que era niño, cuando relataba sus propias jugadas mientras conducía y chuteaba una pelota de plástico en San Vicente de Tagua Tagua, donde nació y creció, «igual que El Chavo», cuenta. Nunca tomó el micrófono para alguna actividad en el colegio. Al salir estuvo un año trabajando en el campo, juntó plata y, gracias a la ayuda de la tía Tegualda Cecilia, se matriculó en la Escuela de Locutores que dirigía Guillermo Parada.
Debutó en la radio Sargento Aldea, en un partido entre San Antonio y San Luis en el puerto. Y no paró más. Hoy conduce un matinal en la radio Éxito y pitutea para diferentes emisoras siguiendo las campañas de General Velásquez y Chimbarongo FC, como el duelo que relató para Media Pixel el sábado.
«Uno creció escuchando en televisión a Pedro Carcuro e Ignacio Hernández, en la radio a Raúl Prado, Vladimiro Mimica y a Campusano, de quien adopté el terminó, terminó, terminó. Lo alargué e incorporé otras cosas, como cuando hablo del tiempo del partido digo veinte minutos, siete segundos y contando, como en la NASA, o como la radio es online y siempre me gustó la geografía, digo que nos escuchan en Tarawa, Kiribati, y todo el mundo se pregunta ¿dónde queda eso. Está en Oceanía».
Hay quienes sostienen que el relato deportivo tiene mucho de teatral. «Son laboratorios de pasiones, porque todo es en vivo, como que se juega la vida por primera vez, captas la atención del público a través de una buena historia y narración, todo ocurre en tiempo presente, logras enganchar a un público que te acompaña y que se va emocionando contigo, que triunfa y pierde contigo, y es lo mismo que hace un relator deportivo», dice la actriz Elizabeth Torres («Generación 98»).
«El relator deportivo tiene mucho que ver con el teatro», agrega su colega Andrés Pozo («Hijos del Desierto»): «Hay un trabajo en equipo con los locutores de la publicidad y los comentaristas, hay una preparación de la voz, porque locutor llega a notas altas y bajas; hay improvisación. Hacen mucho link con el teatro. Eso. ¡Terminó, terminó, terminooo!».


