Guillermo González admite que no tiene ninguna malformación
Dice que se los fabricó él mismo curtiendo piel de pescado. El año pasado fue elegido el personaje más popular de Antofagasta y ahora tiene un programa de televisión propio.
Hace unos 30 años o quizás más («la memoria me falla un poquito, perdone usted»), cuando aún trabajaba como curtidor en una fábrica de zapatos de la capital, Guillermo González Aracena decidió ir en busca de la piedra filosofal del zapato y comenzó a curtir, con febril energía, pieles de cuánto animal llegaba a sus manos. Caballos, perros y burros supieron de su arte, dice, pero ninguno de aquellos resultados estuvo a la altura de sus ambiciones. Hasta que cierta vez decidió curtir piel de pescado.
«La trabajé una tarde y la dejé en la orna, pero pasaron los días y las semanas y empezó a ponerse pero asqueroso de hediondo, porque como que fermentó, y se empezó a agrandar y a agrandar la piel, y por más que la cortaba, seguía agrandándose. Hasta que un día pensé que se había secado y me hice un par de zapatos, pero la cuestión siguió agrandándose. Por eso quedaron deformes», explica.
Así y todo, admite, quizás debido al mismo mecanismo mental que explica que el doctor Frankenstein le haya tomado cariño a su monstruito diabólico, don Guillermo comenzó a usar sus engendros con creciente persistencia, hasta que cierto día decidió no sacárselos nunca más.
«Me gustan, me acostumbré a ellos. No puedo correr porque me saco la contumelia, pero camino sin problemas. Ya no puedo usar zapatos normales. Camino como pato. Mis zapatos pesan tres kilos y a uno de ellos le tuve que poner un terraplén porque tengo un problema en la cadera. Una vez eso sí me caí y se me salieron todos los dientes y otra vez estuve a punto de quemarme en un incendio en una residencial, pero me rescató un carabinero que tuvo la amabilidad de recoger mis zapatos», cuenta.
A sus 72 años, don Guillermo confiesa tener ciertas lagunas, lo cual es bueno para esta narración porque facilita el poder de síntesis. Resume don Guillermo: «Con el tiempo me di cuenta que la gente me miraba con extrañeza y luego con admiración, porque pensaban que tenía la pata grande. Y como a mi señora le diagnosticaron cáncer, empecé a pedir platita como mendigo carismático. No para dar lástima, sino para pagarle las inyecciones y los medicamentos, aunque no gano tanto porque soy humilde: si me dan, me dan, y si no, no nomás. Pero viajé harto con mis patitas, de Arica a Concepción, hasta que hace unos 15 años llegué a Antofagasta. Ahora vendo mentitas. Aquí me llaman Pata Grande y todos me quieren. Hasta fui elegido el personaje más popular de la ciudad».
Eso ocurrió hace un año. Sebastián Videla, conductor de un programa magazinesco llamado «Malcriados» del canal Antofagasta TV, organizó un concurso para elegir al personaje más popular de la ciudad. «Estaban el Cantante Desafinado, el Hombre de las Conchitas, Pie Grande y siete más. Ganó Pie Grande por paliza en votación popular y empezamos a hacer programas donde él aparece haciendo de Michael Jackson, de candidato a la presidencia, de chico reality de Pelotón.Él es un fenómeno televisivo, tiene cualquier chispa», dice Videla. «Ahora nos acreditamos oficialmente para el Festival de Viña. Nuestra meta es que lo elijan rey feo».
«Mi aspiración es que me vean las cámaras de todo el mundo a ver si puedo tener algún programa, algún auspiciador, alguna fábrica de zapatos grande. Lo que el Señor quiera. Tener algo más de platita para ayudar a mi familia. Porque mi vida ha sido dolorosa, mi amigo», dice Pata Grande.
Tercian los Tachuelas
«Los zapatos grandes son más frescos»
Joaquín Maluenda, el hermano mayor de los inmortales payasos del circo los Tachuela, dice que, dejándose de cosas, las chalupas de los payasos y, en general, todos los zapatos gigantes, «son más cómodos que los normales», pero sobre todo «más frescos y agradables para la época veraniega». «Uno se acostumbra», agrega, «y uno puede hacer de todo con las chalupas. Lo único que puede molestar es el cordón a veces, pero es más holgado y el pie está más libre. Uno puede llevar una vida normal, sin duda».


