El emblemático alcalde de Ñuñoa quiere ampliar sus horizontes
No quiere ser diputado ni senador: sueña con aplicarse como intendente. Acá habla de eso y de su mayor dolor en la vida.
Llega corriendo, acelerado, un poquito sudado. Muestra los zapatos sucios porque viene de revisar las obras de la futura clínica de Ñuñoa. Casi 30 mil metros cuadrados para atender a los vecinos de su comuna. Se lustra el calzado, pide una bebida, pide sacarse fotos con unos quijotes que tiene, muestra los estacionamientos subterráneos que se construyen al lado del municipio. De repente para y respira.
-¿Usted se desconecta alguna vez? ¿Ve teleseries nocturnas, por ejemplo?
-No puedo desconectarme. Sigo pensando lo que tengo que hacer mañana. No veo televisión, pero leo buenos libros y escucho música que me baja mi hijo de internet. En realidad me tortura tener tantos sueños y pensar que no me va a alcanzar el tiempo.
-Todavía le quedan años acá.
-Me gustaría despertar ya en el 2014 y ver estos proyectos realizados. Pero mira, la verdad es que no iré a la reelección y si se diera la alternativa, me retiraría antes. Si está terminada la clínica, donde podremos atender de primer nivel hasta al más miserable de los pobres ñuñoínos, eso concretaría la suma de mis sueños.
-¿Y Sabat se va a la casa o quiere otro desafío?
-He tenido negocios, me ha ido bien y mal, pero mi carrera no va por ahí. Tampoco quiero ser diputado o senador. Me encantaría ser intendente de la Región Metropolitana. Sería una especie de alcalde mayor, como se hace en las ciudades grandes.
-¿Aserruchando el piso?
-Que no se malentienda, pero a nosotros nos desconcierta que el actual intendente diga que viene por un año. Es una bellísima persona, pero de bellísimas personas también está lleno el cementerio. Esto me complica, porque la gente me pide que no me vaya, pero yo no quiero jubilar aquí. Además, acá no puedo bajar el ritmo. Simplemente soy así.
-¿Le ha dicho al Presidente ?
-No, pero este lunes vamos a tomar un café. En todo caso ya le dije que quiero dejar de ser alcalde. El 2008 él me pidió que fuera a la reelección. Yo le dije que bueno, pero después quería trabajar en su gobierno. Y me dijo que sí. Como no ha pasado nada hasta ahora, se lo voy a recordar.
-¿Sigue peleando con sus concejales?
-La otra vez conversamos y concluimos que era una tontera pelear cuando estamos todos haciendo cosas buenas y tenemos la oportunidad de hacer cosas maravillosas. A mí no me gusta estar todo el día en rosca.
-Pero tiene un historial de temer.
-Yo peleo por lo que creo. Si te refieres a Luizo Vega, ese me trató de ladrón en televisión. Ese inmoral que paseaba a una menor de edad, porque eso era, desnuda por la calle. Yo nací en una cultura popular donde las cosas se arreglaban a puñetes. No me pidan que ponga la otra mejilla o le dé un besito al que me trata de maricón.
-¿Cuándo lo pasó peor, cuando tuvo diverticulitis o cuando se enfermó del corazón?
-No. Lo peor vino a partir de mi divorcio. Ver cómo se desintegra un sueño de tantos años. Yo me casé en 1978 y me divorcié el 2005. Mi mujer se fue de la casa. (silencio). Yo me di cuenta que no podía hacer nada y que el sueño de toda una vida. Pensar que todo se va al diablo, no sé, se me vino el mundo encima.


