Gendarme que estuvo en el lugar dice que no pudieron abrir los candados
Intentaron echar al intruso con un lanzallamas artesanal y se quemó todo.
El subteniente José Hormazábal recuerda que el centinela ubicado frente a la torre 5 los alertó de una riña. «Eran aproximadamente las 5.40 de la mañana cuando partimos a evaluar la situación. Desde el primer piso miramos hacia arriba y vimos fuego y humo. Tomamos cinco extintores y subimos al cuarto piso», relata Hormazábal, uno de los cuatro guardias internos que resguardaban la cárcel.
Como los gendarmes no lograron apaciguar las llamas que emanaban del ala sur del cuarto piso, intentaron abrir la reja. «Eran dos candados pero el gendarme Gerardo Veroíza solo pudo abrir uno. Cuando trató de abrir el de más arriba se quemó las manos». En ese instante, Hormazábal de 25 años, quedó solo y a pura fuerza abrió la reja unos cuarenta centímetros. «Ahí pudieron salir cinco internos de los 71 que habían», recuerda el gendarme, quien no se pudo mantener más tiempo ahí por el humo y el calor sofocante. En ese momento se procedió a llamar a Bomberos. «El llamado lo hicimos nosotros, no un interno», asegura Hormazábal.
Fueron esos cinco reos sobrevivientes los que relataron a uno de los nueve fiscales a cargo de investigar el caso. Los presos habrían declarado que todo partió porque un grupo de 11 de ellos se peleó con un interno porque no querían que durmiera junto a ellos. Así comenzó una riña que incluyó estoques y un lanzallamas artesanal, armado con un cilindro de gas butano que habría caído a un colchón. Debido a la gran cantidad de sábanas, las llamas se propagaron por el lugar en segundos. El fiscal Alejandro Peña corrobora: «Ya se han tomado declaraciónes a algunos de los testigos sobrevivientes. También se han incautado numerosas evidencias que dan cuenta que el incendio se provocó de manera intencional preliminarmente debido a una riña».


