Exreina del Festival de Viña habla de su nueva vida en España
Por su profesión, la posición para trabajar no sólo le hacía doler la espalda, sino que terminaba con su delantera sobre la cara de los pacientes.
Está ad portas de cumplir años y quiso llegar a los 40 renovada. Pilar Ruiz no sólo se tituló de higienista bucodental, en el Colegio de Higienistas de Madrid, sino que también decidió quitarse las prótesis mamarias. «Fuera de mí esos cuerpos extraños. Fuera de mí ese peso que tenía encima», comenta. «Siento que me liberé muchísimo y hubo tres factores muy importantes. Fue más que todo la prevención, por la salud y también por un tema estético. Fue una decisión que me costó años tomarla», explica desde España, donde reside desde 2019.
¿No se sentía bien con sus prótesis?
«Es que ya en diciembre cumplo 40 años. Uno empieza a verse y a sentirse un poco más madura. Ya la perfección, ser curvilínea, todo eso ya pasó a ser secundario».
Hace un mes, tras 18 años, se realizó el procedimiento de extracción y reconstrucción mamaria con el cirujano plástico Diego Penagos. Eso sí, aclara que en estas casi dos décadas pasó varias veces por el quirófano, específicamente cuatro cambios. «Menos, más, detrás del músculo, delante de éste (las prótesis). Pero, en realidad, mi cuerpo estaba hablando que no se adaptaba a estos cuerpos extraños», dice, agregando que ahora está en proceso de desinflamarse y recuperarse bien. «Aún hay ciertos movimientos que no puedo hacer».
Esta intervención también era necesaria para Pilar Ruiz, pues por su trabajo como higienista dental debe adoptar posiciones que no eran compatibles con sus prótesis mamarias, como agacharse para alcanzar a sus pacientes. «Este trabajo dental implica una posición ergonómica específica, ¿me entiendes?. Entonces, se enfocan muchas dolencias tanto en la zona cervical como lumbar. En este atender a las personas, prácticamente, estaba poniendo mi delantera sobre la cara del paciente y eso no era cómodo para nadie», cuenta entre risas.
¿Cómo se siente ahora?
«Siento que me liberé. Yo ahora las veo y digo, pues es verdad, son mías, las toco mucho, porque igual de tacto son distintas a cuando estaba el implante. A los 40 y más natural, dicen por ahí».
Ahora está en talla 34. Dejó los últimos implantes, que eran de 300 centímetros cúbicos en cada seno. «Pero a eso súmale la grasa, el peso de la piel en sí también. Era mucho más. Entonces, pasé de tener 400, después 350, después 330. Hasta que llegué a 300. Y dije no, no va a más y ya está», añade.
Visualmente se está adaptando y pensando en que sólo cambiará la ropa interior, pues confiesa que dejó los escotes y dejó de mostrar el ombligo. Hoy, asegura, «voy más por ser interesante que por mostrar».
Profesional
Hace dos años, Pilar Ruiz decidió estudiar higienista buco-dental en el Colegio de Higienistas de Madrid. Antes, estudió para auxiliar en enfermería, profesión que le dio los primeros alcances con su nueva formación. «Fueron dos años muy intensos. Imagínate, voy a cumplir 40 años en diciembre y estudiando con dos generaciones menos que la mía. Fue un poco estresante al principio, un poco por el tema de adaptación, pero igual ya uno, cuando tienes interés en algo, que era aprender y saber más del mundo de los dientes, pasó a segundo plano», dice.
«Estoy tranquila, estoy haciendo algo que me gusta. Me encanta la profesión que elegí», agrega.


