El volante anunció su retiro luego de la derrota de Audax Italiano
En medio de sentidos homenajes en La Cisterna, el deportista dijo adiós tras 22 años en la cancha.
Pese a las coordinaciones de la televisión y los funcionarios dispuestos en los distintos campos, aquel inicio se retrasó algunos minutos porque en el estadio Municipal de La Cisterna, en el partido que Palestino se impuso por 2-0 a Audax Italiano, se sucedieron los homenajes y abrazos a Carlos Villanueva, el volante que defendió ambos clubes y que, a los 38 años, decidió retirarse de la actividad.
Algunos comentaristas radiales reclamaron por la demora, que a su juicio daba cuenta de la falta de seriedad propia de los dirigentes criollos, pero un poco más allá en el dial, otros relatores se sumaban al entusiasmo indicando que un par de minutos más o menos se justificaban tratándose del Piña, un talento de esos que, según decían, no abundan en el balompié chileno.
«Ha sido un partido bastante especial porque es el último, era muy difícil afrontarlo por todos estos momentos que estoy viviendo. Porque son muchos años jugando al fútbol, muchos sentimientos», repitió en diversos micrófonos.
Aunque agradeció el reconocimiento de la gente de Palestino, donde jugó de 2020 a 2022, después de haber pasado por Blackburn Rovers de Inglaterra, Al Shabab de Emiratos Árabes Unidos, Universidad Católica y Al-Ittihad y Al-Fayha de Arabia Saudita, Villanueva reconoció que lo llenaba de emoción vestir la tricota de Audax el último día: «Fue bonito jugar este partido. Era el lugar donde debía retirarme, el club de mis amores, donde hice mis mejores temporadas en el fútbol chileno, las que voy a recordar por siempre, aquellas por la que el hincha me trata con mucho cariño y de buena manera en todas partes donde me ven».
Consultado en radio Cooperativa por su sentimiento al momento de colgar los botines, Villanueva sentenció: «Cumplí el sueño que tenía desde los seis años, que era ser jugador de fútbol profesional. Pude jugar en la Selección, pude hacer un gol. Son muchas cosas, son 22 años hermosos, con altos y bajos, pero hermosos. Estoy muy agradecido por haber hecho esta carrera».
Cuando Piña hablaba del adiós, O'Higgins y Cobreloa recién reanudaban su partido porque los hinchas de ambos cuadros, por distintos motivos, habían optado por llevar a los gritos y golpes el espectáculo en el estadio El Teniente, demorando el media hora el segundo tiempo.
La rabia explotó en un grupo de fanáticos celestes, que hasta ahí perdían por dos de los ocho goles que el conjunto naranja necesitaba hacer para mantener la categoría, luego de la esperanzadora anotación inicial de Nahuel Donadell a los 4′ y la de Cristián Insaurralde (42′).
Cuando la calma volvió a Rancagua, Tomás Roco decretó el tercer gol loíno, pero la suerte ya estaba echada: luego de un año en la división de honor, por segunda vez en su historia, volvía al Ascenso.


