Antes de cumplir 70 años, María Luisa Portilla lanzó La Margot, marca de ropa que prometía un «diseño urbano, versátil y estiloso». De ese comienzo ha pasado una década, lapso en que consolidó este emprendimiento y extendió su vida laboral más allá de la jubilación.
El camino transitado por la septuagenaria diseñadora refleja que cada vez más adultos mayores contemplan mantenerse en el campo laboral, pese a la edad y los condicionamientos sociales.
Según los primeros resultados del Censo 2024, hay 2.587.238 personas mayores de 65 años en Chile, lo que representa el 14% de la población total. Según los últimos datos de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), alrededor de 411.832 personas mayores de 65 años trabajaron en Chile durante el trimestre de noviembre de 2020 a enero de 2021 (aproximadamente 16% del total de los mayores de 65 años). De ellos, casi la mitad emprende.
Están fuertes y necesitan
«Emprender después de jubilar ofrece a los adultos mayores múltiples beneficios que trascienden lo económico. Les permite mantenerse activos tanto mental como socialmente. Al liderar un proyecto, se enfrentan a nuevos desafíos que estimulan sus habilidades cognitivas, como la resolución de problemas y la toma de decisiones», explica Mauricio Apablaza, de Cipem (Conocimiento e Investigación en Personas Mayores), programa de Caja Los Héroes y la Universidad del Desarrollo.
Mejora la cabeza
Coincide en esta apreciación Sebastián Cea, coordinador de Open Seniors, programa de aceleración e innovación de soluciones que mejoran la calidad de vida de las personas mayores. «El cerebro de un emprendimiento después de jubilar les devuelve un sentido de propósito. Muchas veces, al dejar la vida laboral formal, aparece un vacío en cuanto a identidad y rol social; es acá donde el emprendimiento juega un rol fundamental llenando ese espacio, manteniéndolos activos, vigentes y con un proyecto propio. Además, suele fortalecer la autoestima y aportar estimulación mental al enfrentarse a nuevos desafíos o aprender herramientas distintas, como el uso de tecnologías digitales».
Las monedas
Cea no deja de lado lo económico: «Con pensiones que muchas veces no alcanzan para mantener el nivel de vida, emprender se convierte en una vía de ingresos complementarios y, sobre todo, en una herramienta de autonomía financiera. La gran ventaja es que suelen hacerlo en áreas donde tienen experiencia acumulada, lo que les permite reducir riesgos y aportar un conocimiento muy valioso».
Se legitiman
En el ámbito social, agrega Apablaza, de la UDD, «el emprendimiento abre la posibilidad de construir nuevas redes de contacto y de sentirse productivos y valiosos, combatiendo así el aislamiento que en ocasiones acompaña al retiro». Sebastián Cea, de Open Seniors, destaca que «muchas veces trabajan junto a personas de otras edades, familiares o no, lo que fomenta la colaboración intergeneracional. Esto no solo fortalece vínculos familiares, sino que también los posiciona como referentes y modelos de resiliencia dentro de la comunidad».
Menos discriminados
Apablaza menciona un estudio reciente que, en el caso chileno, «muestra que emprender puede contribuir a reducir la discriminación por edad en personas mayores. De este modo, la jubilación deja de ser un punto de cierre para convertirse en una nueva etapa de crecimiento personal y profesional».
¿Podríamos hablar de una tendencia derivada de la esperanza de vida actual?
«Chile ha experimentado transformaciones significativas en materia de esperanza de vida. Mientras en 1950 esta alcanzaba los 53,2 años, en la actualidad supera los 81 años. Este cambio demográfico ha incidido directamente en el envejecimiento de la población: hoy, más de dos millones de personas tienen 65 años o más».
20 años más
Todo esto, asevera Sebastián Cea, permite que «jubilar a los 60 o 65 años significa tener fácilmente 20 años más de vida activa por delante. Eso está transformando la manera en que entendemos la jubilación: ya no como un retiro obligado, sino como una transición hacia otra etapa en la que se puede seguir creando, aportando y desarrollando proyectos personales. Es una tendencia creciente y coherente con el concepto de envejecimiento activo: mantenerse productivo, conectado y con una visión de futuro». Marcia Chávez, coordinadora de la Clínica Pyme, de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Finis Terrae, coincide en que «las personas viven mucho más desde el momento de jubilar que hace 40 o 50 años. En mujeres el promedio es de 30 años más y en los hombres, 21».