¿Por qué el descenso ronda a algunos clubes que clasifican a copas internacionales?

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El desafío de Coquimbo será mantener el buen nivel pese a que el equipo campeón se comenzó a desmantelar

En la última década, ocho equipos bajaron de categoría después de jugar Libertadores o Sudamericana: planteles que se desarman, pérdida del foco, viajes y recursos aparecen entre las razones.

Luego de una temporada inolvidable con una sola derrota y el 83 por ciento de rendimiento en el torneo de Primera División, Coquimbo Unido sufrió la partida del técnico campeón, Esteban González, y del delantero Cecilio Waterman. Y en los próximos días pueden sumarse figuras como Matías Palavecino, Sebastián Galani, Bruno Cabrera o Francisco Salinas.
Panorama complejo para un 2026 en que defenderá el título del Campeonato Nacional y espera hacer historia en la Copa Libertadores. ¿Lo logrará? Los antecedentes no son los más positivos: seis de los equipos chilenos que clasificaron a copas internacionales en la última década, terminaron descendiendo en la temporada siguiente; y con dos años de margen, la cifra se eleva a ocho.
Luego de grandes campañas, la malaria condenó a Cobresal (2017), Deportes Temuco (2018), Universidad de Concepción y el mismo Coquimbo Unido (2020), Deportes Antofagasta (2022), Curicó Unido (2023), Deportes Iquique y Unión Española (2025). Y dejó en Primera, pero con turbulencias a Ñublense (2023), Huachipato y Cobresal (2024).
Tomemos el primer ejemplo de Cobresal. Fue un histórico campeón del Clausura 2015 y dos años después descendió. «Por razones obvias no pudimos retener a la base del equipo, a (el técnico) Dalcio Giovagnoli, aumentan las expectativas económicas y lo está viviendo ahora Coquimbo, con varias figuras», asume el gerente minero, Juan Manuel Silva.
«A veces la situación de traer jugadores o retener al plantel se hace difícil. Imagina lo que significa para un técnico armar un plantel nuevo. Por años, hemos tratado de dejar una base, pero cuando no se puede, cuesta la aclimatación del jugador, no solo al campamento o a la altura, sino que a la parte táctica del entrenador», explica el ex mediocampista.
También hay un lado positivo, que dejó la experiencia. «Cobresal ha invertido en gimnasio, en salas de recuperación, en jacuzzi, en crear hábitos con todos los jugadores en el entrenamiento temprano, tomando desayuno. Eso va en completo beneficio del plantel y el cuerpo técnico, y ha llevado a que Gustavo Huerta se mantenga, que nadie se relaje en el día a día», puntualizó.
Universidad de Concepción fue otro caso crítico. Con Francisco Bozán remeció el fútbol chileno en 2018, fue subcampeón y clasificó a Copa Libertadores, pero luego partieron hombres como Sergio Vittor, Jean Meneses y Ronald de la Fuente, este último a Colo Colo, con una justificación por sobre todo futbolística.
«Después de tres años muy regulares en la U de Conce, estaba esperando dar un salto en lo deportivo. Buscaba un equipo que me acercara más a la Selección, Colo Colo también estaba clasificado a copa internacional. Y a la U de Conce le vino una baja de rendimiento, se desarmó el equipo y terminó en la parte baja de la tabla, aunque hizo buena Libertadores», explica.
De la Fuente vivió la otra cara de la moneda con Curicó Unido, que clasificó a la Copa Libertadores 2023 y ese mismo año, descendió. «La copa es positiva para el club, la institución, pero lo más difícil es mantener el foco en lo que corresponde, en el momento en que corresponde. No que al jugar con Palestino se piense en el partido contra Peñarol. Como la copa tiene mayor relevancia, el jugador quizás toma el partido anterior de otra manera», resume el zurdo.
Damián Muñoz fue el entrenador de ese conjunto curicano, que terminó descendiendo en noviembre, y ahora cree que «la forma de evitarlo es mantener el plantel. Es complejo sostenerlo, en nuestro caso algunos se fueron al extranjero, y otro a Universidad de Chile, como Juan Pablo Gómez».
«Más en un club como el nuestro, que siempre en Primera estuvo ligado con la parte baja y la lucha por la permanencia; tener esa clasificación a la Copa Libertadores fue inédito para la ciudad. Sin querer el jugador va poniendo más atención en la copa que en el torneo y no rinde de la misma forma en los dos frentes», asume el coach.
Javier Torrente llegó a dirigir Antofagasta después de una Copa Sudamericana en la que incluso ganó en Argentina, pero era colista del campeonato. No pudo darle la vuelta y descendió. «Los equipos se tienen que preparar con la mentalidad de que si bien van a participar en un torneo internacional y hay que disfrutarlo; el plano local es más importante y el que les puede dar otra copa. A veces ni se hace un papel importante a nivel internacional y tampoco local», resume.

«Hay que tener siete suplentes que te permitan rotar. Para competir internacionalmente necesitas 18 a 20 jugadores de buen nivel», complementa el argentino.

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