Influencer de fragancias y sociólogo analizan la particular forma masculina para elegir aromas
¿Busca regalo para el Día del Padre? Construcciones sociales y de marketing diferencian a los mayores y menores de 40 años.
En la búsqueda del regalo perfecto para el Día del Padre, que se celebra este domingo 21, un buen perfume asoma como una alternativa segura y cómoda de elegir. Los hombres suelen ser fieles a un aroma particular, por lo que no se usa mucho la imaginación ni tratar de interpretar sus gustos: basta con saber el nombre y marca de su preferencia.
El sociólogo Dante Castillo, académico de la Universidad de Santiago, afirma que la «fidelidad olfativa» del varón no es falta de creatividad: «Es una estrategia de consistencia identitaria. Mientras para las mujeres la innovación en fragancias es una forma de autoexpresión multifacética, para los hombres el perfume opera habitualmente como un escudo de estabilidad y una marca registrada de su presencia».
Para el abogado e influencer de perfumes Matías Ross, dueño de una colección de más de mil fragancias y con más 1,2 millones de seguidores en TikTok (@mr.rossperfumes también en Instagram), esta fidelidad aromática se explica poque el hombre «es más llevado de sus ideas que la mujer, le gusta su perfume de confianza y no le resulta fácil salir de ahí».
Esa es la razón por la que muchos siguen prefiriendo fragancias lanzadas hace décadas. «Por eso, 212 de Carolina Herrera, Polo Blue de Ralph Lauren o Acqua Di Gio de Armani siguen estando dentro de los más vendidos. Al hombre chileno le gusta vitrinear sin que le hagan preguntas. Es decir, explorar por sí mismo», postula Ross.
¿A qué se refiere?
«En el comercio nacional los perfumes rara vez están a libre disposición, sino que hay que pedirle a un promotor o vendedor que te lo pase para probarlo. Esto limita la experiencia de descubrimiento de una potencial nueva fragancia. Muchos prefieren usar el que les ha resultado bien durante toda la vida. El hombre chileno es conservador; compra en los mismos lugares de siempre y no cruza terrenos riesgosos con sus perfumes».
Cuatro dimensiones
Dante Castillo rememora ciertas estrategias comerciales que se instalaron en el siglo XX: «Socialmente se ha premiado e incentivado un tipo de consumo radicalmente distinto para las mujeres. Es una de las razones que explican que las mujeres chilenas sean más innovadoras o menos fieles que los hombres».
El sociólogo profundiza su análisis y lo divide en cuatro dimensiones. El primero es que el hombre asume la fragancia como su «firma» personal. «El olor o perfume se convierte en una extensión constante de su identidad, un identificador social. Que la gente los reconozca por su aroma a lo largo de los años se asocia con estabilidad, fiabilidad y carácter».
Para las mujeres, en cambio, funciona como un accesorio de moda, un reflejo del estado anímico, de la estación del año o del evento al que fueron invitadas. Tienen perfumes para el día y para la noche, por ejemplo.
En segundo lugar, sigue el sociólogo, existe el «pragmatismo masculino», que se refleja incluso al comprar. Para ellos prima la funcionalidad y eficiencia: no existe el vitrineo y atreverse a innovar con productos diferentes.
Luego, en tercer lugar, está el concepto de «masculinidad hegemónica». En esta lógica, ilustra, entrar a una perfumería y que le hablen de términos complejos como «notas florales, dulces o conceptuales puede percibirse socialmente como un riesgo de cruzar líneas de género tradicionales». En cambio, «mantenerse fiel a un aroma verde, amaderado o cítrico conocido disminuye el riesgo de romper el código de lo que su entorno considera varonil».
Finalmente, está el mito también está el mito del «todo en uno». Castillo observa que los productos de aseo personal suelen promocionar la multifuncionalidad. «Por ejemplo, los geles de ducha 3 en 1: cuerpo, rostro y cabello. El mercado ha acostumbrado al consumidor masculino a tener rutinas de pocos pasos».
El cambio
Hay algo en que coinciden tanto el sociólogo como el influencer de los perfumes: se viene un cambio. «La generación Z está rompiendo esta barrera hacia el consumo de fragancias unisex y de nicho», asevera Dante Castillo.
Matías Ross también hace una diferenciación. «En Chile, el hombre maduro de 40 o más años suele inclinarse por aromas frescos, cítricos o fougère (helecho en francés), que evoquen limpieza o una sensación de hombre recién duchado. Lo vemos en fragancias como Blue Seduction de Antonio Banderas y Acqua Di Gio de Armani, entre muchas otras. Es conservador; compra en los mismos lugares de siempre y no cruza terrenos riesgosos con sus perfumes».
¿Y el hombre menor de 40 años?
«Gravita más hacia los aromas que son tendencia global, como actualmente los aromas dulces, cálidos e incluso gourmand (comestible). El hombre joven ve su perfume como un arma de seducción e innova sus fragancias. Al igual que el outfit, quieren cambiar de perfume según la estación, el estado de ánimo e incluso de acuerdo con la ropa que lleva puesta. Creo que los chilenos cada vez avanzamos más a la vanguardia mundial gracias a la juventud, las nuevas ideas y las redes sociales».


