Llegan con la canción a la casa, los papás la conocen, hay un diálogo dice José Bello
Es una estrategia que, desde muchos puntos de vista, es bastante eficiente, opina académica de Pedagogía de la Universidad Central.
«Uno, dos, tres, cuatro y…», da la partida el profesor José Bello y entra al unísono una orquesta de 40 metalófonos en manos de escolares de cuarto básico. Concentrados, interpretan la reconocible y oscura melodía de «Enjoy the silence», el hit de 1990 de la banda británica Depeche Mode: «Tintín tintín, tintín tintín».
El video ?por estos días tendencia en redes sociales, con más de 731.000 me gusta en Instagram y otros 827.000 en TiktTok- lanzó a la popularidad al profesor y a sus alumnos del colegio Alicante del Valle, de Puente Alto.
«Escucho de todo y Depeche Mode me gusta harto. En ocasiones escogemos las canciones desde la guata, desde aquello que nos apasiona, porque de esa forma podemos transmitirlo mejor a los niños», reconoce el docente.
En el caso específico de «Enjoy the silence» fue una elección en conjunto con la profesora de inglés y el otro profesor de música del colegio, Manuel Molina, para una actividad del English Day del establecimiento. Los alumnos, además de aprenderla en el metalófono, también la cantaron (se puede ver en @profejosebello).
El ramo incluye música nacional, como Los Tres, Los Jaivas, La Ley o Los Prisioneros. Una banda sonora que el maestro de 37 años comparte con los padres de sus alumnos (ver galería https://goo.su/Z4NskbK).
«El repertorio rompe un poco con lo tradicional, pero el hecho de enseñarles grupos que mi generación conoce hace que la experiencia en la sala de clase sea un poco más rica desde el punto de vista familiar, los conectan con sus familias; llegan con la canción a la casa, los papás la conocen, hay un diálogo, hay un intercambio que hace que también la experiencia sea más atractiva», comenta.
«Soy un enamorado de la música chilena, de grupos más antiguos, de Cecilia», aclara el profesor, que comparte sus gustos con sus hijos de tres y seis años y los usa como inspiración en «Tun Tun Pam!», la banda de música infantil que formó junto a un amigo de infancia.
Su inclinación vintage se refleja en la primera canción que aprendió en guitarra, a los 10 años.
«Mi papá tenía revistas Mampato y en la página de canciones me encontré con Chico de mi barrio. Mis papás escuchaban Música Libre, de su época, así que la conocía y agarré la guitarra de mi hermana. Me encerraba en la pieza tratando de sacar el rasgueo», recuerda. «Ya después tomaba la escoba de la casa y me imaginaba que era Claudio Narea».
¿Qué canciones le enseñaban a usted en el colegio?
«El típico repertorio infantil ?le tengo mucho cariño a mi profesora de básica- como El puente se va a caer, en flauta. En la media el repertorio tampoco era tan cercano entonces, claro, a la hora de hacer clases hoy me pregunto cómo me hubiese gustado a mí que me enseñaran y, en función de eso, voy planificando mis contenidos».
¿Por qué usan el metalófono?
«Antiguamente en el colegio se enseñaba flauta, pero considero que el metalófono es más inclusivo, más sencillo de tocar. Hice muchas clases de flauta pero siempre hay niños que les cuesta un poco más y quedan al margen, entonces preferimos el metalófono para que así todos puedan estar incluidos y tengan la posibilidad de aprender».
¿Es necesario tener buen oído para tocar un instrumento?
«Yo diría que cualquiera puede aprender música si realmente le gusta, todo va en la perseverancia, en la paciencia, cosas que son escasas de repente y, por eso, mucha gente no llega finalmente a tocar».
Se ven contentos sus alumnos
«Hay mucha buena energía en la sala de clases, los niños están siempre contentos, la relación que tengo con ellos está toda desde el juego. Llevo 15 años como profesor y de verdad disfruto y amo lo que hago. Todos los días me levanto con ánimo, me gusta finalmente poder hacer clases».
Salud mental
María Francisca Poblete, académica de la Facultad de Educación de la Universidad Central, valora la metodología del docente de música.
«Es una excelente estrategia desde muchos puntos de vista. En primer lugar, desde el ámbito de la comunicación: abordar la música desde una construcción colectiva puede generar sentimientos de trabajo en equipo, de pertenencia, y eso contribuye también a la convivencia y al bienestar de los pequeños», asegura.
«Utilizar estrategias activas, en donde todos forman parte de un proyecto, también permite que los estudiantes se comprometan con su aprendizaje y entiendan que puede generar efectos, pueden generar un producto reconocible, no abstracto», destaca.
La elección del tema es un acierto, opina. «Puede permitir que los estudiantes accedan a un tipo de conocimiento musical que hoy en día se está perdiendo, porque se ha simplificado demasiado el producto artístico en general. A la vez, pueden aprender otro idioma y crear un vínculo con generaciones anteriores, como por ejemplo de los padres o hermanos mayores. Por lo tanto, es una estrategia que, desde muchos puntos de vista, es bastante eficiente, no solo para lograr el aprendizaje de una práctica concreta, como es tocar el metalófono, sino también en términos de convivencia y de salud mental», plantea.


