Animal varó en Papudo y Carmen Velasco transformó la playa en una aula
Carmen Velasco Pincetti llegó temprano a la Escuela Básica de Papudo, de la que es directora, y llamó a los profesores porque tenía algo urgente que proponerles. «Al tiro engancharon. A las nueve, todos tenían que tener listos a sus chicos», recuerda.
A esa hora sonó la campana y los cerca de 300 alumnos del establecimiento, de primero a octavo, partieron a la playa. «Me conseguí el bus escolar para los más pequeños», explica. El resto se fue caminando.
Sobre la arena, a pasos de la caleta de pescadores, yacía un chachalote muerto, de 15 metros de largo y casi 50 toneladas. Lo más parecido a Moby Dick que puede ver un niño lejos de un libro o de Internet. «Estaban impresionados por el tamaño, por los dientes, por la forma de la cabeza. Estuvieron parados 20 minutos, que es difícil a su edad. Era algo que había que hacer. Una gran oportunidad», cuenta la directora.
Todo el pueblo se volcó a ver al cetáceo. «La playa estuvo llena hasta las dos de la mañana», cuenta Guillermo Velasco, administrador de la Municipalidad de Papudo.
Tan pronto apareció el mamífero, las autoridades comenzaron a pensar qué hacer con él. Cundió la idea de que sería enterrado en la playa, pero el hoyo debía ser muy grande. Arrastrarlo mar adentro era mejor. Pasadas las 14 horas, un bote zodiac trató de hacerlo, pero no tenía la fuerza suficiente. Al final, marinos amarraron un cable a la cola del cachalote y la Patrullera Valparaíso de la Armada lo sacó de la playa. Debía botarlo a 20 millas náuticas.
«La esperanza es que se termine hundiendo, aunque existe la posibilidad de que las corrientes lo varen en otra playa», prevé José Luis Brito, del Museo Municipal de Ciencias Naturales y Arqueología de San Antonio.
«El cachalote murió en un accidente. Lo más probable es que haya estado nadando cerca de la superficie, o durmiendo, y pasó un barco de gran tamaño por encima de él», especula Brito.
Aunque el animal tenía cicatrices en la cabeza, lo que se podría deber a peleas con los calamares gigantes, de su misma envergadura, que ocurren a más de tres kilómetros de profundidad.
«El tiempo de muerto del animal no debería ser mayor a tres o cuatro días. En aguas chilenas, el cachalote se distribuye desde Arica hasta la Antártida, pero su densidad poblacional es mayor desde Arauco hasta Arica. Por tanto el ejemplar varado estaba es su hábitat normal en Chile», cuenta Anelio Aguayo, investigador del Instituto Antártico Chileno y especialista en mamíferos marinos.
«La impresión es de pena. Debería haber habido una ceremonia, quizás, que marcara el paso de la vida a la muerte», opina Manuel Lepe, administrador del restorán Barco Rojo, de Lepe.
«El tiempo de muerto del animal no debería ser mayor a tres o cuatro días»
Anelio Aguayo, experto en mamíferos marinos


