Los hermanos Larrea crearon la principal factoría nacional de afiches y portadas de discos de ese nuevo estilo. Un estilo que se había descolgado quizás de la cultura underground californiana o del pop británico, y que tras rebotar en Cuba se aclimató en Chile con características propias. Los Beatles navegaban en su submarino amarillo. Florecían la revista Paula , la revista Onda , y más tarde también Ramona y Paloma , entre otras.
El libro de Vico y Osses nos pasea visualmente por aquellos años de euforia, en los que cada cual buscaba la libertad según lo que entendiera por tal cosa. Unos se dedicaban a las comunas, al amor libre, a la dulce marihuana. Otros, a las reuniones revolucionarias, a los panfletos, a las manifestaciones. Y otros hacían lo que podían picoteando de aquí y de allá.
Guitarras, flores, puños, gritos, fotos en alto contraste, colores vivos, trazos vigorosos formaban el núcleo de un incontenible flujo visual, que era a su vez reflejo de la gran marejada que llevaría al poder a Salvador Allende. En ese transcurso los felices posters floridos de los inicios serían reemplazados por afiches revolucionarios con consignas duras y gestos decididos. Harían su irrupción exotismos como el cine búlgaro, el cine húngaro o el propio comandante Fidel Castro. Podemos leer en los carteles frases del tipo «Muerte al latifundio», «A conquistar nuestro derecho a la educación», «De ti depende el futuro»: un estilo tenso, donde el humor y el gozo de vivir habían desaparecido.
El golpe de estado militar dará paso, fuera de Chile, a una oleada de carteles e impresos de apoyo a Chile, rescatando la imaginería revolucionaria allendista, el estilo, los personajes, la cosa tipo Ramona Parra. Eso, en París o en Ámsterdam, porque en Chile mismo de lo que se trataba era de blanquear las paredes y extirpar todo asomo de color, de lucha, de puño o de amor libre.
Hoy podemos mirar aquello en perspectiva, con muchas ilustraciones en color, repasando esa brillante temporada creativa donde, por lo que parece, fuimos más allá de lo que nuestra modesta realidad permitía.


