El documentalista lanzó el libro Rutas secretas de la Patagonia profunda
Es una recopilación de más de 40 años de idas allá, establece el también antropólogo.
La bitácora de viajes del documentalista Ricardo Astorga (70) registra visitas a más de 100 países. De tales travesías, el exconductor de TVN, rostro de programas como «La ruta de la seda» (2002), «La ruta del Nilo» (2005) o «La ruta de Chile» (2006-2010), guarda recuerdos de paisajes impresionantes, algunos no tan lejanos. «Para mí, la Patagonia es el lugar más bello del mundo», evoca él.
Su fascinación por el extremo sur de Chile se grafica en más de 40 viajes y expediciones que realizó al territorio durante cuatro décadas, remembranzas que trató de compendiar. Lanzó «Rutas secretas de la Patagonia profunda» (Weprint), libro de 290 páginas donde aborda sus experiencias en la zona. El texto aborda, entre otros temas, el drama de los pueblos originarios, testimonios de magallánicos, la vida salvaje de la zona y las vivencias personales que el autor no olvida.
Astorga habla: «Mi primer viaje allá fue en 1981, trabajaba para la Revista del Domingo de El Mercurio y me encomendaron documentar la caza furtiva de los pumas en la Patagonia. Queríamos denunciar eso y en esa búsqueda nos contactamos también con cazadores, llamados leoneros, para que contaran su versión. Pude hablar con uno de los cazadores, a quien acompañé en esa labor. Él llegaba a matar 80 pumas al año, porque decía que esos animales cazaban ovejas».
¿Presenció una caza?
«Sí, es algo que fue muy fuerte y de lo que no estoy orgulloso. Vi cómo este hombre persiguió a un puma hasta acorralarlo en un árbol. Le rogué que no lo matara, pero lo hizo. Fue terrible ver a un animal tan hermoso así. Ese reportaje sirvió para llamar la atención».
Años después, Ricardo tuvo otra experiencia cercana con un puma. Esa vez fue más feliz. «Seguí a un puma por días y en una oportunidad cazó un guanaco grande. Debe haber pesado 100 kilos. Después de matarlo lo llevaba arrastrando hacia su madriguera hasta que se topó con una reja. No podía pasar. El puma se quedó inmóvil y me miraba. Interpreté que me estaba tratando de pedir ayuda».
¿Y qué hizo?
«Dejé mi equipo, me acerqué al cerco, al puma y le abrí el pórtico. Él siguió su camino y yo pude recuperarme un poco de esa primera historia brutal que tuve con los pumas».
Entre sus relatos, Ricardo además recuerda una expedición que realizó en 1985 junto al exsenador Antonio Horvath y Patricio Silva, a quienes dedica su libro. «En un punto, perdimos nuestras provisiones y no pudimos hacer contacto con una lancha que nos abastecía. Pasamos hambre y frío. Durante cinco días nos alimentamos sólo de una caluga diaria, que fue todo lo que nos quedó», cuenta.
En ese mismo viaje caminó sobre glaciares. «Estas masas de hielo inmensas tenían grietas tremendas, no se les veía el fondo, deben haber tenido fácilmente 100 o 200 metros de profundidad. Si uno daba un mal paso, adiós mundo», afirma.
Tantas historias, Ricardo.
«Para hacer un libro, jajajá. Viví muchas cosas ahí, quise plasmarlas. Ahora mismo, por ejemplo, me acuerdo de algo sencillo, que fue muy placentero. Alguna vez, bajo una lluvia intensa, después de una caminata tremenda, guarecido, pude tomar una taza de café ante toda esa realidad natural. Ese momento de contemplación fue maravilloso».


