Sobrevivientes del derrumbe de la Mina Flor de Té
Américo Méndez recuerda que le enviaron pedacitos de carne.
Américo Méndez tenía 16 años cuando quedó atrapado en la Mina Flor de Té, de Andacollo, en 1964. Era el menor de los cinco mineros que a 32 metros de profundidad se encomendaban a la Virgen para salir del encierro. Luego de varias horas en silencio después del derrumbe, recuerda, los demás le empezaron a echar tallas. «Me decían que por ser el más joven, cuando empezaran a tener hambre, me iban a comer a mí», recuerda.
A los dos días, los ingenieros sacaron a dos mineros que habían quedado más cerca de la superficie. El grupo de Méndez tuvo que esperar.
Las sondas perforaron la roca y al llegar a un túnel se detuvieron. Alguien se acercó al hoyo y gritó, pero no hubo respuesta.
Alejandro Pino, reportero de Radio Minería en esa época, y un técnico, dejaron caer un micrófono con un cable larguísimo amarrado a un amplificador. Era una instalación precaria, que aún no estaba lista para transmitir. Solo serviría para saber en qué estado estaban los mineros «Yo andaba con una linterna tipo lapicera. La amarramos al micrófono con huincha aisladora y la encendimos. Los mineros vieron bajar una luz», recuerda Pino.
Un minero tomó el micrófono y lo primero que se escuchó en la superficie fue un «aló» un poco tembloroso. «Eso fue un gran suspiro de alivio», cuenta el ex reportero radial.
El más joven de los mineros recuerda ese momento. «Ahí se nos vino el alma al cuerpo. Cuando vimos que era un micrófono, les dijimos que estábamos todos vivos y nos hicieron hablar uno por uno. Nos dijeron que tuviéramos paciencia, que nos iban a sacar igual», recuerda. Luego vino la alimentación. «Primero nos mandaron suero. Después, pedacitos de carne, de ave, para mantenernos», explica.
Un reportero de Radio Portales se avivó y acercó su micrófono al parlante. Aprovechando la idea de la Minería, fue el primero en transmitir las palabras de los mineros. «Me hizo una mala jugada. Me acuerdo haberlo perseguido para pegarle un par de puñetes», recuerda Pino. Después la Minería se puso al día.
Salir de la mina fue un momento especial. «Todo el mundo le daba gracias a la Virgen», recuerda Méndez, quien dejó la minería y se dedicó hasta ahora al rubro textil.
7 días estuvieron sin ver la luz del día los mineros de la Mina Flor de Té.


