Empresa rescata cuaderno que registra primeras impresiones sobre la estación La Moneda
Según el lingüista Ricardo Martínez, es una muestra viva del habla y el espíritu de los años setenta.
«Me gustó mucho, parece algo del año 2000». La frase, escrita a mano con lápiz pasta, resume el asombro de los primeros santiaguinos que bajaron a conocer el Metro en 1975. Fue durante la marcha blanca del primer tramo de la Línea 1, cuando la estación La Moneda abrió sus puertas para que la gente pudiera recorrer los andenes antes de su inauguración oficial.
«El libro nace como un libro de visitas», explica Felipe Bravo, gerente general de Metro. «Antes de inaugurar el primer tramo se abrió la estación La Moneda para que la gente pudiese conocerla. Entonces se abrió este libro y quienes iban dejaban sus mensajes de qué les había parecido». En esos meses -julio y agosto de 1975- cientos de personas firmaron y escribieron lo que sentían frente al tren subterráneo que prometía cambiar la ciudad.
«Se hizo para conocer la opinión de la gente, tener una primera impresión de esto, que era una tremenda noticia, pues se hacía historia con la inauguración la primera línea de Metro del país», señala Bravo.
El cuaderno, guardado por décadas en los archivos de la empresa, fue redescubierto este año en medio de los preparativos por los 50 años del servicio. «Ha sido bien bonito verlo», reconoce el gerente. «Ese libro estuvo guardado muchos años y ahora, a propósito del aniversario, lo rescatamos del archivo. Es bien impresionante, casi el 99% de los mensajes son positivos. La gente decía sentirse como si estuviera en el año 2000 o lo comparaban con los metros de otros países; para ellos era como estar en Europa.»
Los comentarios reflejan el impacto que causó un sistema de transporte que para la época representaba el futuro. El icónico tren NS-74, con ruedas de neumático y diseño francés, fue el primero en circular entre San Pablo y La Moneda. «Era lo más moderno que existía», dice Bravo. «Hoy tenemos trenes automáticos y líneas nuevas, pero en 1975 eso era el futuro, era el orgullo de todos».
El tomo, rebautizado como «Libro del Tío Metro» en honor al apodo que recibe la cuenta institucional en redes sociales, se convirtió en un hallazgo histórico. «No hemos encontrado otro registro parecido. Fue algo único que hicimos en ese momento», destaca el gerente. «Volver a abrir este baúl de los recuerdos ha sido emocionante. Encontramos afiches, manuales y planos de la época, pero este libro tiene un valor emocional muy especial».
Bravo adelanta que Metro evalúa crear una versión moderna del cuaderno: «A partir de la buena recepción que tuvo este libro lo estamos mirando para hacerlo de nuevo, quizás en digital. Podríamos abrir un Tío Metro 2 y transformarlo en una cápsula del tiempo para los próximos 50 años».
Habla setentera
«¡Es lo más, el descueve!», dice otro mensaje, acompañado de firmas. Junto a «fabuloso» o «encachado», esas expresiones llenan las páginas con un lenguaje que hoy suena nostálgico. Para el lingüista Ricardo Martínez, profesor de Lingüística de la Universidad Diego Portales, el valor del libro no solo está en su contenido histórico, sino en el retrato que hace del habla chilena de los setenta.
«Las lenguas evolucionan por saltos, no cambian de forma continua», establece. «Los años 60 y 70 fueron un periodo de erupción lingüística, donde surgieron muchas palabras y modismos. Términos como capear o encachado hoy casi no se usan, no solo porque los jóvenes no los aprendieron, sino porque las generaciones mayores también fueron renovando su léxico».
Martínez compara este tipo de registros con los grafitis o los rayados que se encuentran en baños o muros urbanos: «Permiten conocer cómo hablaba realmente la gente en contextos informales. En Pompeya, por ejemplo, se reconstruyó el habla de los romanos gracias a esos rayados. En este caso, el Libro del Tío Metro cumple un rol similar: conserva la voz espontánea de los chilenos en un momento de entusiasmo colectivo.»
El lingüista agrega que la mayoría de las palabras de ese cuaderno se agrupan en torno a un mismo sentimiento: la celebración. «Las expresiones que aparecen están ligadas a algo que emociona o enorgullece. Reflejan una sociedad que se sentía parte de algo moderno, una mirada positiva hacia el futuro».
Medio siglo después, ese entusiasmo sigue vivo entre los usuarios. «Cuando uno mira la historia y conoce los orígenes de algo que uno quiere tanto, es bonito. Este Metro es un logro de nuestro país, un orgullo compartido con toda la ciudad», concluye Felipe Bravo.


