Diez años después, la caja transparente que albergó a Daniela Tobar desnuda, está en arriendo
El legendario proyecto revolucionó el centro de Santiago se guarda en Providencia, junto a una estatua de Botero.
El lunes 24 de enero del 2000 Daniela Tobar tomó su primera ducha en la «casa de vidrio» y desde ese momento ya nada fue igual en el centro de Santiago. Exactamente diez años después del revuelo causado por la actriz, que intentó llevar una «vida normal» a vista de todos los transeúntes que pasaban por el entonces sitio eriazo de Bandera con Moneda, todavía es posible mirar a través de los legendarios cristales que por cuatro días fueron su domicilio.
Actualmente el container de paredes trasparentes, que en sus tres metros de largo y 2,5 de ancho albergó una cama, un guardarropa, una cocina con frigobar y, por supuesto, el mentado baño, permanece intacto. Pero ya no hay Daniela, ni tampoco la turba de oficinistas mirones que a las 8:30 de la mañana le gritaban para que se levantara y poder verla sin ropa.
La famosa «casa de vidrio» ahora se encuentra en un taller en plena Providencia, de propiedad del fotógrafo Roberto Edwards. Él se la compró a los arquitectos Arturo Torres y Jorge Christie, creadores del proyecto Nautilus, nombre real de la puesta en escena que fue financiada por el Fondart con más de cinco millones de pesos.
«La compré porque me gustó como obra de arte», explica Edwards. La tiene instalada desde el 2005 en la amplia sala de paredes color óxido, al lado de varias plantas, imágenes de sus «Cuerpos pintados» y una estatua de bronce del colombiano Fernando Botero, que representa a un gordo de bigotes que fuma un cigarrillo mientras su obesa compañera se recuesta en sus piernas.
Arrinconada en una iluminada esquina está la casa, tal como en sus días de gloria. La única diferencia es que el agua, la electricidad y el desagüe no están conectados.
«Me atraen las piezas que provocan una reacción entre el público. Es un proyecto que estaba bien pensado y bien realizado, y que marcó un hito en Chile. Los autores buscaban reflexionar sobre los límites del arte y pusieron en evidencia el morbo y las trancas de nuestra sociedad en torno al cuerpo humano desnudo. ¡Y hay que ver cómo lo lograron!», agrega Edwards.
De hecho, en esa época pre Tunick la desnudez de la joven provocó escozor. El abogado René Trincado interpuso una querella en el Segundo Juzgado del Crimen, por «ultraje público al pudor y las buenas costumbres». Aunque su denuncia no prosperó, finalmente la excesiva presión de los curiosos acabó con la idea.
Roberto Edwards lo recuerda como «el morbo inmenso, como si nunca hubiesen visto a nadie desnudo en su vida. Era increíble ver cómo las personas se agolpaban al frente y esperaban horas con la esperanza de que Daniela Tobar se bañara o fuera al baño».
De ahí se pasó a los agarrones, cuando la actriz entraba a su hogar provisorio, por lo que el jueves 27 de enero la joven -que había sido elegida en un casting y recibía un sueldo de 200 mil pesos- abandonó el proyecto. La reemplazó el actor Víctor Hugo Ogaz, quien pasó por la especie de acuario gigante sin pena ni gloria.
En este aniversario el destino de la «casa de vidrio» se encuentra en suspenso. El taller está en proceso de arriendo, por lo que podría verse en la obligación de ser transportada. «Espero que los nuevos arrendatarios quieran mantenerla donde está», pide Roberto Edwards.
Recuadro :
«Anda a ducharte, floja»
Cuatro días alcanzó a vivir en la casa de Bandera con Moneda la actriz Daniela Tobar. La idea era ver la reacción de la gente al poner detrás de cristales, ante cualquier transeúnte, a una chica haciendo su vida cotidiana. Un reality show habría sido lo más cercano a la «casa de vidrio», pero en ese tiempo ni pensábamos en tener uno.
Cientos de ociosos se congregaban desde muy temprano afuera de la pecera gigante, arriba de tambores o simplemente estirando el cuello. «Levántate, floja, anda a ducharte», le gritaban a Daniela, y las pocas veces que ella pudo salir del recinto se fue de agarrones. Tampoco había celulares con cámaras fotográficas, así que había que ver la TV o comprar el diario para tener un registro.
Hasta los lanzas llegaron a «trabajar» y se llevaron las billeteras de los mirones aprovechando el tumulto. Uno se fue preso.
El «guatón feo» que reemplazó a la actriz
Su olvidado habitante: «Daniela era bella, yo era como la bestia»
«Tuve dos días de fama», dice el actor Víctor Hugo Ogaz al recordar su fugaz paso por la legendaria «casa de vidrio». Llegó de emergencia para reemplazar a Daniela Tobar, que dejó anticipadamente la performance después del acoso de los mirones y diferencias con los arquitectos creadores del proyecto. Esa vez un diario tituló: «Guatón feo en casa de vidrio».
«Todavía me río de eso», comenta el actor, que tenía 46 años al momento de entrar a la vivienda-reality. «Obvio, si ella era la bella y yo venía siendo como la bestia», recalca.
Lo escogieron debido a su entusiasmo con la puesta en escena, que lo llevó a ir a dejarle una carta y una rosa a la cautiva actriz. «Me imaginaba a Daniela como en el fondo del océano, esa cosa transparente, algo muy poético», recalca.
Su bajo perfil lo ayudó a soportar dos días y dos noches entre las paredes transparentes, aunque algo de polémica provocó al ponerse una camiseta de Colo Colo. «Necesitaban terminar con el proyecto, y no eligieron a un actor de televisión, porque podía quedar la escoba con las mujeres», explica. Pero ni siquiera sus sesiones de higiene causaron la misma expectación que su esbelta antecesora. «Al segundo día la conexión del agua estaba mala, así que me tuve que duchar muy temprano, fue mala hora», cuenta.
A pesar de los tropiezos no se arrepiente de su decisión y piensa que hay que celebrar esta década desde el evento. «Es de las cosas más maravillosas que me ha pasado en la vida, me llamaron de distintas partes del mundo, de la CNN norteamericana, de la televisión española, pero cuando salí de la casa no me pescaron más».
-¿Lo recuerda hoy la gente por la «casa de vidrio»?
-La verdad, poco. Soy más conocido por otros trabajos. Actúo, por ejemplo, en «Dawson, Isla 10», interpreto al Presidente Allende, el maquillaje quedó perfecto. La gente cree que son imágenes de un documental, pero soy yo.
-¿Qué otros papeles ha realizado?
-En «Machuca» soy el cura que hace la misa a los militares, en la famosa escena en que otro sacerdote entra y se come las hostias. También trabajé en la película «Diarios de Motocicleta», hice un garzón que atiende en un restaurante de Temuco al Che Guevara.
-¿En qué está hoy?
-Hago comerciales y en recreaciones de televisión, como «Infieles», o el «Diario de Eva». Lo que más me tiene contento es mi monólogo «El DT», que yo escribí. El 29 de enero lo presento en el Festival de Teatro de Pudahuel.
2 días de fama tuvo Ogaz en la vivienda-reality. En «Dawson, Isla 10», hace de Allende.


