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Autor de la Foto: AFP
Plumas, telas brillantes, piedras de colores. Para unos el traje con el que desfilaron en el carnaval de Rio de Janeiro es el recuerdo de una noche inolvidable, pero para otros es solo un cacho que queda tirado una vez que culminan su paso por el sambódromo. Ahí parte un negocio de reciclaje al que le siguió la pista el diario español «El Mundo»: descubrieron que hay personas que viajan desde otras ciudades solo para recoger los disfraces, que venden por partes o reubican en escuelas de samba más pequeñas. Pueden ganar hasta dos millones de pesos.


