¿Qué hay tras el éxito de «Fiebre de baile»?

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El palo al gato de CHV reivindicó la vigencia del poder de la TV.

Esta temporada de «Fiebre de baile» fue uno de esos programas que diferencian a la televisión tradicional de las nuevas plataformas. La TV abierta hoy demuestra su vigencia cada vez que convoca a algo que las redes sociales todavía no pueden replicar: la experiencia de un país mirando lo mismo, al mismo tiempo, con la respiración contenida. «FDB» constató que, en medio del ruido fragmentado de las plataformas, la TV sigue siendo el escenario donde ocurren los grandes eventos. El giro de Maripepa, el penal de Caszely, Luciano Bello palanqueando a Don Francisco, los tarjetazos de Cecilia a Kike, los mineros volviendo a nacer en la cápsula Fénix.
En una industria cada vez más partida en nichos, los grandes shows en vivo son el último lenguaje común que queda.
Mientras el timeline se parte en mil videos verticales, la pantalla lineal todavía es capaz de ordenar la noche del país alrededor de un mismo «¿lo viste?».
La batalla de la TV contra las redes nunca se cerrará. Las redes sociales son hoy el medio más masivo y el espacio donde se instala buena parte de la conversación diaria, pero mientras la dieta audiovisual se fragmenta, la televisión abierta chilena debe replegarse hacia aquello que mejor sabe hacer: el en vivo, las grandes noches compartidas de abuelos con nietos, madres con hijos y amigos bajando unas cervezas. Comunión frente a la pantalla.
Muchos ejecutivos y dueños de canales aún no entienden que compiten por esos momentos irrepetibles, donde un solo programa puede ordenar la agenda de audiencias, medios y marcas.
Más que estelar, fue una declaración de principios: todavía la TV puede, si se lo propone, convocar a cientos de miles de personas en un mismo horario, con un mismo pulso emocional, algo que ninguna red social logra replicar en la misma escala y con la misma sensación, un evento nacional.
«FDB» habla de una televisión que aprendió a convivir con el mundo digital. El éxito de un estelar en vivo no termina en la pantalla lineal: se amplifica con reacciones en streaming, clips que circulan en redes, memes y comentarios que extienden la vida de cada gala más allá del horario de emisión. La TV abierta deja de ser un fin en sí mismo y se convierte en punto neurálgico de un ecosistema que respira en múltiples pantallas.

Incorporar a la disidencia, a los dones y doñas nadie, a los mal vistos por la plana ejecutiva promedio, leer con calle este contexto y escenario es una posición política y estratégica.
Este «FDB» fue mucho más que bailes, lifts y notas.

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