La Tía Tania y su gran año a nivel deportivo y familiar
La tenimesista cerró un 2025 de ensueño: el sábado se coronó campeona nacional, apenas unos días después de ganar el oro en los Juegos Bolivarianos. Y hace dos meses se convirtió en abuela: Mi nieta parece una muñequita, dice.
La edad es sólo un número para la tenimesista Tania Zeng, quien con 59 años cumplidos en julio, mantiene una vigencia extraordinaria en su deporte: el último sábado se coronó campeona nacional ante una rival que incluso es menor que el últtimo de sus hijos, y apenas unos días después de colgarse la medalla de oro en los Juegos Bolivarianos de Perú.
Su triunfo por 3 a 0 ante la osornina Valentina Ríos, de 23 años, fue inapelable y le dejó como premio su clasificación al Mundial por equipos del próximo año, que se disputará en Inglaterra, y al Campeonato Sudamericano de 2026.
«Cuando entré a la Selección, la Vale estaba chiquita, pero ya el año pasado me había ganado en la final de esa temporada, así que ahora tuve mi revancha», cuenta una risueña Tania en la tranquilidad de su hogar en Las Condes, que usa más que nada en estos períodos de competencia o entrenamientos para un evento específico, ya que su residencia habitual está en Iquique, donde vive junto a su marido, Arturo Aravena. Sus dos hijos, Zhixin, de 35 años, y Felipe, de 25, hace rato volaron del nido. El mayor, que es abogado, vive y trabaja en Antofagasta, mientras que el menor, que es ingeniero comercial, hace lo propio en Santiago.
¿Fue su primer título nacional?
«No, el cuarto, pero pasaron muchos años y situaciones entremedio. La primera vez que lo gané fue a finales de 1989.
Había llegado a Chile un par de meses antes y esa vez aún no estaba nacionalizada, pero jugué y gané. Luego lo volví a ganar en 2004 y 2005, y desde ahí hasta ahora, que ya soy chilena. Así que estoy feliz; más encima tuve premio y no deberé jugar el Selectivo para las competencias internacionales del próximo año. En 2024, cuando perdí la final, jugué más relajada porque no hubo esos alicientes, jajajá».
¿Qué siente de ganarle a una chica que incluso es más joven que su hijo menor?
«No sabría cómo decirlo, pero todas mis compañeras de la selección son muy jóvenes, aunque siento que para la competencia no hay diferencia de edad, en la cancha somos todas iguales, entreno igual que ellas, tanto la parte técnica como física. Y en este momento me siento muy bien físicamente; de hecho, los preparadores físicos se sorprenden de que no tenga dolores ni lesiones. A veces me dicen: «¿Tania, no te duele nada?». Y la verdad es que no.
Además, soy súper cuidadosa de mi cuerpo, sé qué cosas puedo hacer y qué no debo hacer. Así que no me arriesgo».
Y venía dulce, luego de ganar la medalla de oro en los Bolivarianos…
«Sí, le gané en la final a la dominicana Eva Prieto, quien fue la misma a la que le había ganado en mi debut en los Juegos Panamericanos de Santiago 2023, así que fue un momento especial. Más encima en una ciudad como Lima, donde viajo muy seguido a jugar los Open. Allá en la Videna (Villa Deportiva Nacional) todos me conocen, no solo las rivales, sino que también los entrenadores, jueces, hasta el personal que trabaja ahí, y todos me alentaban cuando jugaba. Y cuando disputé la medalla de oro, me hacían sentir como si fuera local. Después vino mucha gente a felicitarme, así que quedé muy contenta».
Todo esto a pocas semanas de que nació su primera nieta.
«¡Qué más puedo pedirle a la vida! Mi nieta Josefina cumplió recién dos meses, parece una muñequita. Cuando estaba por nacer estaba jugando el Panamericano específico en Estados Unidos, y allá me volví loca comprándole ropa. No sé cuánta le traje, y ya ni le debe quedar; las guaguas crecen tan rápido, jajajá. Lo bueno fue que alcancé a volver justo a Chile. Luego viajamos con mi marido y mi otro hijo a Antofagasta, donde nació, así que ahí está.
Siempre me hacen videollamadas para verla, y ahí le hablo en chino para que vaya aprendiendo, ya que su papá no lo habla, pese a que le insistí en que aprendiera, pero como en ese tiempo yo trabajaba mucho, no estuve ahí para insistirle; aunque mi hijo chico, que es ingeniero, sí aprendió, y gracias a eso consiguió un buen trabajo, ya que además habla perfecto inglés y español. Y siempre me dice: «Mamá, tenías mucha razón en que lo aprendiera a hablar…», y me río no más».
¿Dónde pasará las fiestas de fin de año?
«En Antofagasta, con mi hijo mayor y su familia, así que el 22 viajaremos para allá con mi marido y mi hijo chico».


