Martin, Marilyn y Carolina, cabezas del deslumbrante Pura energía. Puro Chile
«Puff, era una familia bastante porfiada», bromea Martin, en un perfecto español.
Su apellido es Arnaud. Tiene 40 años. Francés. Calvo. Extremadamente risueño. Acelerado. Licenciado en filosofía, pero luego orientado al mundo artístico. Al cine y el teatro, rubro en el que durante años trabajó junto al director Jérôme Savary, en el teatro nacional de Chaillot.
En cuanto a países, ha vivido en México, Japón, China, Emiratos Árabes, España, Nigeria y Singapur. ¿Y aquella familia rezongona de la que hablaba? Sólo una pequeña anécdota. Apenas era la del líder libio Muammar Gaddafi, a quienes conoció el año pasado en Tripoli, cuando estuvo a cargo del show de celebración de sus cuatro décadas de revolución. Casi nada.
Princesa Moneda
Martin es el director de la compañía «Les Petits Fran-cais», y junto con su compatriota Marilyn Kuentz y la colombiana Carolina Peña conforman el tridente creativo que montó el espectáculo multimedia de agua, luces e imágenes «Pura energía. Puro Chile», especialmente contactado por la Comisión Bicentenario y que desde el jueves pasado -y hasta este martes- se viene proyectando sobre la fachada de La Moneda.
«Nuestro show no pone fotos sobre un edificio como si fueran diapositivas del verano en un telón de fondo. La idea es crear un concepto metafórico, en este caso de la historia de Chile, y contarlo como un cuento de hadas, con magia, con música y con personajes. Hacer un sincretismo cultural de sus raíces bajo una visión nueva y dinámica. Aquí la princesa del cuento fue La Moneda, una construcción bellísima, y por lo mismo no es una mera pantalla, sino la protagonista de la historia de Chile», relata extasiado.
Y así fue. Moais brotando desde el Palacio de Gobierno, Violeta Parra, el himno nacional, Pablo Neruda, Arturo Prat y dos mil metros cuadrados de imágenes bajo la técnica «Monumotion», que han sacado aplauso cerrado entre los espectadores (ver recuadro). Para eso, sin embargo, los tres creativos vienen leyendo, estudiando y escudriñando a nuestro país desde noviembre del año pasado. Para sacarnos la foto. Su foto.
«Es curioso, porque ustedes mismos se tiran un poco para abajo. Dicen que son flojos, pero yo vi que son excelentes trabajadores, muy responsables. Y viven felices. Se ríen de todo. Todo el día. A cada rato.
Aquí y entre la gente que camina por la calle. Hasta los que piden monedas te miran sonriendo. Eso no pasa en Francia», advierte Arnaud.
-¿Probó el vino chileno?
-Muy bueno, y nótese que yo soy francés. Además estamos agradecidos, ya que en Chile se recuperó la cepa del carménère, que se creía extinta. Claro que si hablamos de lo cotidiano, me quedo con sus empanadas, con la cordillera de los Andes, que es magnífica, y con Condorito, genial, de quien me compré hasta un libro. Y bueno. esos famosos cafés con piernas están muy bien, muy divertidos. Ustedes son ingeniosos.
En cuanto al espectáculo, Arnaud subraya que no utilizan obras preexistentes. «Si tomamos una foto de Neruda o una canción de Violeta Parra, es porque las trabajamos y fundimos con otras creaciones».
Su equipo, de hecho, analizó los contenidos con el sociólogo Eugenio Tironi, con la periodista María Elena Wood y con la historiadora Lucía Santa Cruz, además de un sinnúmero de músicos, artistas y escritores, y del obvio rastrojeo por bibliotecas y archivos.
Eso en lo formal. En lo relativo a la independencia, los presidentes y los premios Nobel. Pero el francés también da fe del bagaje de cuneta que adquirió durante los últimos meses sobre nuestra tierra. Así, por ejemplo, habla con propiedad de la Teletón, del hombre de la bandera -ese del terremoto, del Mundial del 62, de «aquel empresario rubio y de rizos que regala dinero en la calle» y hasta de series televisivas como «Algo habrán hecho por la historia de Chile», de TVN.
«Sé que en Chile también hay pobreza, necesidades y problemas por superar, pero nuestra propuesta artística implica abrir la discusión, hacer que la gente se interese más en su historia, en su país, aunque sin generar polémicas irrespetuosas. Por eso hubo imágenes de O'Higgins y de Prat, pero no incluimos a Pinochet ni Allende», destaca.
El ce-a-cheí
Mucho antes de Gaddafi, entre los trabajos de «Les Petits Francais» estuvieron las ceremonias de apertura y cierre del Mundial de Francia 98, la clausura de los All African Games, en Nigeria, los Juegos Paraolímpicos de Atenas y la Eurocopa de Suiza-Austria, todos ellos bajo la misma propuesta tecnológica-visual.
Marilyn Kuentz, de 33 años y productora artística de la compañía, estudió comunicación y ciencias políticas. Más encima vivió en Chile hace 11 años, en el bohemio Barrio Lastarria. «Cómo ha evolucionado el país, está moderno, bello. El centro tiene mucha más actividad que antes», cuenta.
La estilizada europea asegura que le encanta el pisco-sour y el pescado del Mercado Central, pero lo que más le llamó la atención era el eterno ce-a-cheí. «Ustedes lo gritan siempre, para todo y con mucha pasión. Realmente los identifica y los une sin distinciones de clase, barrio o edad. Es muy impresionante».
La otra integrante que completa el equipo creativo es Carolina Peña, de 37 años. Morena. Guapa. Tan acelerada como Martin. Colombiana de acento mexicano -producto de sus 13 años por tierras aztecas-y cientista política, es la directora de contenidos de la compañía. Y fue la principal encargada de bucear por librerías, museos y bibliotecas en pos de la identidad chilena.
-¿Y?
-Hay dos cosas que me llamaron profundamente la atención. Una es su humildad. Ésta es una sociedad desarrollada, segura, se ve próspera, bonita. Mira sus carreteras, sus atractivos turísticos, su orden político, sus construcciones. Y, pese a todo, parece que ustedes no se sienten en un país grande. Siempre hablan de Chile muy despacio, con cuidado, como no muy seguros de lo que tienen, que es enorme. Ya se lo quisieran en otros lados, que se jactan de cosas mucho menores.
-Dicen que eso también es parte de nuestra querida idiosincrasia.
-Puede ser, pero deberían estar más orgullosos de lo suyo. Y lo otro que me llamó la atención es la fuerza con que se sobreponen a los desastres naturales, y que para ustedes también parece ser lo más natural del mundo. Yo tuve que leer mucho de Chile y aquí tienen terremotos, inundaciones, tsunamis, sequías y aluviones. Pasa de todo y cuando están en el suelo se levantan y salen adelante. Otros países que yo conozco ya estarían en ruinas. Realmente es increíble.
Y hay una última faceta laboral-social de Chile que les gustó mucho a Martin, Marilyn y Carolina, quienes ahora parten a México a un nuevo show: nuestra puntualidad.
Pero bueno, en pocos meses no les pidamos tanto. Errare humanum est.
300 toneladas de multi-tecnología
La compañía francesa utiliza la técnica «Monu-motion», desarrollada por ellos mismos, que les da vida y movimiento a los rasgos arquitectónicos de un edificio, en este caso La Moneda. Para eso, requieren de un enorme soporte tecnológico, que fue trasladado en varios containers con un peso total cercano a las 300 toneladas de equipos.
Esteban Icardi, productor general del evento, cuenta que «hemos utilizado 24 reflectores antiaéreos Sky Tracker, de 5 mil watts y 1,70 metros de alto cada uno; 200 focos robotizados; 11 proyectores de 20 mil ANSI Lúmenes cada uno; una pantalla de agua -con bombas y dispersores- de 50 metros de ancho por 15 de alto; máquinas para efectos de humo y neblina; cuatro pantallas gigantes LED; equipos electrógenos de última generación, que son los usados en los conciertos de U2 y Madonna; y 60 cajas compactas de audio, entre muchos otros equipos. Aquí han trabajado varias empresas tecnológicas de audio, iluminación y proyección. Ha sido magnífico».
Pablo Guarda, gerente general del Grupo CGE, auspiciador de «Pura Energía. Puro Chile», cuenta que «estamos felices de poder aportar al Bicentenario con un evento cultural de excelencia, que rescata las tradiciones, el patrimonio y el carácter de Chile y de su gente. Aquí se han fundido la historia, los símbolos y los personajes que forjaron nuestra identidad con una propuesta tecnológico – estética de primer nivel».


