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Título/Pie de foto: Javier Godoy admite guiños al neorrealismo italiano.
Reveladora exposición de Javier Godoy en la Estación Mapocho
El autor ha pasado 25 años retratando travesuras infantiles, desfiles militares y borrachos enfiestados.
Fabián Llanca
Desde 1989, el fotógrafo Javier Godoy es un parroquiano más del Parque O'Higgins. Durante 25 años se ha confundido con los visitantes que disfrutan de las múltiples actividades que se organizan en este espacio abierto y parcialmente arbolado.
Durante dos décadas y media ha registrado cientos de escenas cotidianas y excepcionales, dando cuenta de la utilidad que presta el paseo público a los habitantes de la ciudad de Santiago. Con una parte de este acervo se inaugura la exposición Parque , mañana jueves en el Centro Cultural Estación Mapocho.
La selección de imágenes -a cargo de Andrea Aguad y Samuel Salgado, de Cenfoto Universidad Diego Portales- representa la cantidad de pequeños mundos que conviven en este perímetro demarcado. Está el universo militar, los bototos y los escudos nacionales en las Paradas; las fondas y el jolgorio de fiestas patrias, y la laguna con los juegos infantiles y el chapoteo colectivo para capear la canícula.
Javier Godoy recuerda que una concentración política en 1989 fue el primer evento al que asistió en el Parque O'Higgins. «Estaba comenzando en el rollo fotográfico y jamás pensé en una serie ni en mantener un trabajo tan largo», apunta el autor.
-¿Qué lo motivó a seguir con este proyecto?
-Al revisar los archivos me di cuenta que es un viaje a mi infancia. Me recuerdan la niñez, mis hermanos, la pesca, los volantines; por eso seguí yendo harto.
La estrategia de Godoy fue visitar el parque en verano y durante fiestas patrias para captar el esparcimiento estival y la combinación entre la formalidad militar y el descontrol etílico de los borrachos.
-¿Puede trazar un perfil del público frecuente?
-Es súper popular. Es el veraneo para muchos. En un verano sin plata, el parque es una gran alternativa y esto gatilló en mí el interés. Construirlo como obra es un proceso posterior que hacen los curadores. La muestra tiene cerca de cuarenta imágenes y el universo total sobrepasa las quinientas fotografías.
-¿Incluye a Lollapalooza o Fantasilandia en el contorno registrado?
-No, buscaba las cosas más cotidianas que esos eventos especiales, quería lo tradicional.
-Con la presencia infantil, ¿hay guiños al neorrealismo italiano o a películas chilenas sesenteras?
-Sin duda. Mi patio era el parque, el esparcimiento estaba fuera de mi casa y al enfrentarme a estas escenas, la evocación fue inmediata.
-¿Este trabajo le da continuidad a anteriores proyectos como Se pasó la micro o Los del barrio ?
-Es lo mismo, está dentro del gran proyecto, Santiago, la ciudad donde vivo, aunque lo del parque duró más.
-Luego de esta exposición, ¿está preparado para dejar de ir al parque?
-No creo que deje de ir. No puede pasar un Dieciocho sin darme una vuelta. Se trata de un lugar muy vivo y vigente. Ahora, por ejemplo, es un espacio de encuentro intercultural porque ha sido apropiado por los inmigrantes. Se trata de un fenómeno reciente que, en cierta manera, transforma el parque.
Nombres para el mundo
El Parque O'Higgins se llama así sólo desde 1972. El trabajo curatorial de la exposición de Javier Godoy presenta una breve investigación sobre este espacio público. Antes del proceso emancipador era conocido como La Pampilla, una explanada destinada a festejos populares. A mediados del siglo 19 se instauró el Campo de Marte, se delimitó el área y comenzaron las presentaciones militares. La siguiente etapa excluyó las actividades masivas porque el entonces llamado Parque Cousiño se convirtió en un lugar de esparcimiento para las familias acomodadas. Aparecieron los jardines y las zonas arboladas.


