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Autor de la Foto: CEDIDA
Título/Pie de foto: A pesar del cartel, le siguen sacando hojas.
Es un acer japonés y no tiene ningún poder sicoactivo
Aburrida, su dueña le colgó un cartel implorando piedad.
Arturo Galarce
Semanas atrás. Dos niños en uniforme escolar están parados afuera de la casa de Claudia Villegas, en calle Guillermo Rivera, Cerro Yungay, Valparaíso, mirando el arbolito que Claudia, escondida tras la ventana, plantó hace cuatro meses y cuida con el alma. Uno le dice al otro: es marihuana, loco. En serio, oh, es marihuana . Entonces Claudia, aburrida, cansada de que cualquiera que pase por su casa confunda su arbusto de vivero -carente de cualquier sustancia sicoactiva en su savia- con una planta de marihuana y le arrebate un par de hojas o un par de ramas, sale su casa y les dice: ¿Saben? no es marihuana, niños. Es un acer japonés.
Es decir, un arbusto ornamental originario de Japón (también se conoce como acer japónico) y Corea del Sur, de no más de 10 metros de altura, a no más de 10 mil pesos en viveros establecidos, que necesita riego cada tres días, con forma de pirámide, y hermosas hojas que en otoño se tornan de color rojo púrpura -muy bonito, dice Claudia-, cada una con cinco puntas, alargadas, dentadas, muy parecidas a las hojas de una suculenta y bien cuidada mata de marihuana.
«Por eso le puse un cartel, pero siguen sacándole hojas», dice Claudia. «Hay un colegio cerca y los niños cada vez que pasan le sacan una. Eso causa un daño al árbol. Había personas que le sacaban ramas enteras y, o sea, con eso no se van a volar, les va a dar un dolor de cabeza, no más. Los turistas se sacan fotos con el cartel, pero son más respetuosos y no le sacan hojas… Pero otros no respetan. Hace poco pasó un curso entero con una profesora. Leyeron el cartel y cuando se fueron, la última alumna fue y le sacó igual una hoja. A ellos les digo: por favor no lo hagan más, respeten las áreas verdes», dice Claudia, cansada, mirando por la ventana de su casa a ese arbusto que parece marihuana.


