Robots esqueléticos deambulan por el barrio República

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Esculturas móviles de Johan Muyle se exhiben en el Museo de la Solidaridad

Figuras huesudas impulsadas por motores forman parte de la muestra de arte contemporáneo belga Rock&Baroque.

Los tres robots que deambulan por el segundo piso del Museo de la Solidaridad (República 475) tienen diferentes estilos en materia de vestuario, pero comparten una importante característica: todos tienen el mismo rostro.

Al conocer en persona a Johan Muyle, creador de los artefactos, se entiende que todos constituyen autorretratos. Las facciones del artista belga, en efecto, aparecen -moldeadas en plástico o fibra de vidrio- en la cara de cada uno de los engendros.

«Estas piezas escultóricas o ensamblajes hablan de la historia del arte y de la humanidad, pero en ellas no busco entregar una lección. Sólo son comentarios acerca de la condición humana», dice el autor, cuyas creaciones poseen, además, cuerpos que consisten en imitaciones de esqueletos realizadas en tamaño natural.

Vestidas con atuendos de color rosa, y equipadas con accesorios como sombreros de vaquero, revólveres, faldas de bailarina de ballet y cámaras de video instaladas en la boca, las creaciones de Muyle forman parte de la exposición Rock&Baroque , muestra en la que el curador Claude Lorent ha reunido a cuatro artistas que reflejan diversos aspectos de la creación plástica que se produce hoy en Bélgica.

En el montaje, que se inaugura esta tarde, Muyle saca la cara por la escultura, mientras que los otros tres autores incluidos (Phillipe-Henri Copée, Bernard Gilbert y Noëlle Konink) presentan diferentes formas de entender el acto de pintar.

«Johan es, ciertamente, el que goza de mayor reconocimiento internacional», advierte Lorent en el catálogo de la exhibición, y su comentario se entiende plenamente al observar las llamativas esculturas móviles aportadas por Muyle.

Las figuras con cuerpo de esqueleto se desplazan sobre plataformas con ruedas impulsadas por motores. Los movimientos de cada una, además, son controlados por computadores programados para hacer que alteren su rumbo en caso de que algún espectador se ponga en su camino. De esa manera, los engendros siempre parecen estar huyendo de quienes intentan examinarlos detenidamente.

«Estas esculturas nunca entablan contacto directo con el visitante. Ellas no conversan contigo», explica el escultor, quien agrega que tanto el vestuario como las actitudes y accesorios que se ven en sus obras están inspirados en tristes sucesos de la historia humana reciente, desde las guerras civiles en Ruanda hasta la dictadura militar en Argentina en los años 70.

«Me interesa hablar sobre la humanidad en un sentido global, y por eso me gusta trabajar con artistas de otros países. También empleo la ironía, porque siento compromiso político con la realidad pero no soy militante. Creo que, mientras más conozco el mundo, más aprendo sobre mí mismo», resume Muyle.

 

Mundo en crisis

Claude Lorent, curador de la exposición «Rock&Baroque», explica que los artistas incluidos en la muestra no constituyen un movimiento o una tendencia.

«Los reuní por una elección personal, cuando sentí que entre sus propuestas había puntos de concordancia que nos hablan de un mundo en crisis

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