¿Saben qué? Me preocupa Quenita

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En el último «Primer plano» hubo un momento que nadie de los que estábamos viendo ese programa olvidará fácilmente. Fue cuando María Eugenia Larraín preguntó al público del estudio, casi en un hilo de voz: «¿Se pueden parar los que me quieren?» Y luego, con infantil entusiasmo, destacó que sólo una persona de las sometidas a esta curiosa encuesta relámpago no se había puesto de pie. Le faltó agregar a esa solitaria detractora a Fran García-Huidobro, con quien había tenido un áspero intercambio de palabras hace un rato, tras acusar a la anfitriona del estelar de «ganarse la vida hablando mal de la gente».

Lo de Quenita, a sus 37 años, constituye una ingenuidad casi limítrofe. Recordemos que está en este negocio desde los albores de los 90, cuando (de pelo azabache y ruliento) era una de las chicas de «Videorisas», el programa de cámaras indiscretas de Jorge Garrido en Chilevisión. No puede alegar poco tiempo en esto. Debería tener el cuero mucho más duro.

Bueno, todos ya saben lo que pasó el viernes en «Primer plano». Y si no, se los cuento: María Eugenia mantuvo sus acusaciones de «bullying mediático», lloró a moco tendido y hasta logró la espontánea solidaridad de género de Fran, que entendió, sin que su invitada llegar a confesarlo explícitamente, que entre ella y el único conductor de verdad que va quedando en TVN existió algo más profundo y perturbador que una amistad.

Lo que me seguía preocupando era la precaria estabilidad que presentaba esta chiquilla. En varios pasajes le costó articular frases, presa de una dolida emoción. Fue tanto que llegó el punto en que empecé a dudar si la ingeniera comercial más farandulera del país en realidad se sentía víctima de una hostilidad agobiante por parte de la prensa y la opinología local y no estaba actuando, como demasiada gente piensa de ella.

Imaginemos un juicio sobre este caso y en este contexto repasemos algunas pruebas del mentado «bullying mediático».

1.- A Jordi Castell se le escapó un insulto cuando la vio con Marcelo Ríos después de dejar plantado casi en el altar a Iván Zamorano. Después diría que lo dijo como respuesta a un pisotón de la periodista Alejandra Reyes, pero ni él se creyó.

2.- Le hackearon el correo electrónico y filtraron un romántico mail que le envió a Camiroaga.

3.- Entre sus amoríos no confirmados figura más gente que la que había en el Titanic al momento de hundirse (los ha ido reconociendo de a poco eso sí).

4.- La pifiadera del último Copihue de Oro en el Teatro Caupolicán si no la dejó sorda la dejó muy, pero muy triste.

5.- Un imbécil le agarró una pechuga al final de un desfile en Perú. No, no era un desubicado cualquiera, sino el animador del evento.

6.- Uno de sus últimos grandes yuntas mediáticos (el halcón matinal) la trató públicamente de «calientasopas» por las pantallas de TVN.

Veredicto: si yo fuera tan sensible como Quenita y si todo eso me pasara a mí, claro que me caerían unos lagrimones. Los que me enjugaría para poder contar bien los billetes después de estas incursiones estelares, por supuesto. Ni tonto.

Nunca la vi tan descompensada como en el último «Primer Plano».

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