Acalambró de la risa a las decepcionantes panelistas de Acoso textual.
Ayer lo único que salvó la plata en el regreso de «Acoso textual» fue el invitado. No fue el Presidente Sebastián Piñera por un asunto de contingencia. Estuvo Aldo Rómulo Schiappacasse, que, cuando quiere, es la criatura más encantadora del planeta. Si hubiera estado cualquier otro entrevistado, esto habría sido desastroso. La formación de acosadoras distaba demasiado, en gracia, espontaneidad y sobre todo en ritmo y manejo televisivo, de la original. Jeannette-Moenne-Loccoz ni se acercó a la Soledad Onetto que el 2004 brilló en este programa. Las caras nuevas, Virginia Araya y Bernardita Reyes, podrían volver al anonimato perfectamente mañana y eso no sería una pérdida para la televisión. Mucha trayectoria sobre las tablas tendrá María Elena Duvauchelle, pero en este set no le llegó ni a los talones a la nostalgia por Katyna Huberman. Carola Honorato no es Ximena Torres Cautivo. Paula Sharim no es Vanessa Reisse. María José Bello no es Marisela Santibáñez. La que pasó el examen y con honores fue la actriz Elena Muñoz.
Pero estaba el gran Aldo Rómulo, como un súper plomero, para tapar todas las averías, que partieron cuando el Mister Bean de nuestros animadores, Sergio Lagos, se equivocó al nombrar la radio en que trabajaba una panelista. Entre otros lujitos el periodista deportivo anunció que vende la banda gástrica que usó sin éxito para bajar de peso, relató la historia de su héroe de niño, Chacamán, y hasta se despachó un chiste interno («he durado harto en algunas pegas. En este canal. te puedo contestar en 2 meses más»).


