Camila Cortez reclamó por todo tipo de expresiones musicales
La usuaria del tren subterráneo pidió un solo viaje tranquilo, Diosito
Al cierre de esta edición el video de Camila Cortez (25) en TikTok tenía 1.699 comentarios. «Un solo viaje tranquilo en metro te pido, Diosito», fue el nombre con que la estudiante de último año de Obstetricia de la Universidad del Desarrollo lo compartió en su cuenta.
«Casi siempre me muevo en auto, ahora estoy haciendo mi internado en San Ramón y vivo en Huechuraba. Me toca literal atravesar toda la ciudad en la línea 2 del Metro. Me subo en la estación Vespucio Norte y en La Cisterna hago combinación con la línea 4 A», cuenta Camila, quien comenzó a usar este medio de transporte en enero pasado.
Por las mañanas, sigue la estudiante, el viaje es tranquilo, ya que el Metro se detiene estación por medio. Demora alrededor de 35 minutos en llegar a su destino. Ella empieza su turno a las 8 AM y termina a las 17 horas. El regreso es muy distinto. Tarda hasta 50 minutos en hacer el mismo trayecto (ver galería https://goo.su/hJZQVOj).
«Vuelvo cansada y parece que tengo mala suerte. La línea 4 va tan llena que no da lugar para que se suba alguien a cantar. Pero en la línea 2 se sube gente a hacer de todo: algunos cantan, hay niños que se ponen a bailar y hacer piruetas, como queriendo pegarse un show. A veces alguien se sube a tocar el violín y es súper agradable. Pero la mayoría de las veces son desagradables. Gente cantando súper desafinado o con parlantes súper escandalosos. Es súper incómodo. En verdad hice el video para reírme de la situación», asegura.
Pero igual le molesta.
«Sí. Trabajo todo el día gratis porque es mi internado y quiero volver tranquila. Generalmente, estas situaciones ocurren en las estaciones La Cisterna, Los Héroes y Santa Ana. He visto muy pocas veces que la gente les da propina.
Lo malo es que no se suben en el mejor estado, algunos andan con copete y si no les das plata se ponen incluso agresivos. Me ha tocado ver de todo».
Lo que más incomoda a Camila son las personas que se suben a rapear. «Usan a los pasajeros y cosas que ven en el vagón para hacer sus letras. Y nadie quiere ser partícipe del show, todos se empiezan a correr. Me ha pasado que me empiezan a agarrar para el leseo y es súper molesto, pero me hago la tonta y me río porque al final no queda otra».
A ella le impresiona la cantidad de comentarios que generó su publicación, la única por cierto que ha hecho en TikTok.
«Nunca me imaginé que la gente se iba a poner a discutir. Hay harta opinión dividida. Gente que me dice cómprate un auto o cómprate audífonos, pero lo he probado y de repente ni con audífonos te salvas. Hay otros comentarios que me dan la razón. Si igual es molesto viajar así», enfatiza.
Más allá del ruido, ¿qué le parece como medio de transporte?
«En verdad no tomo micro porque no me gusta y encuentro que ese sistema es lentísimo. Dejando de lado el ruido, el Metro lo encuentro súper rápido y práctico para cruzar todo Santiago. Si me fuera en auto me toparía con tacos, como que gastaría mucho más en bencina. Porque con la TNE el pasaje me cuesta $260. Aparte siempre está limpio».
Exhaustos
La doctora en Sociología de la Universidad Andrés Bello Alejandra Energici explica que parte de este fenómeno de gente subiéndose a cantar «tiene que ver con la cesantía y la búsqueda de trabajo». También lo atribuye a la inmigración: «Hay un choque cultural. Tengo la sensación de que los chilenos estamos cerrados porque queremos diferenciarnos y ojalá ser menos latinoamericanos».
Ella dice que vuelve cansada y que suben raperos que hacen letras con los pasajeros.
«Esa forma de interacción puede ser súper violenta. Los chilenos están exhaustos, agotados mentalmente, enfrentando un proceso de cambio con la llegada de inmigrantes».
Desde Metro de Santiago recalcan que las intervenciones musicales están prohibidas, pues «afectan la convivencia y generan molestia a los pasajeros». Aseguran que sus equipos de seguridad se despliegan por las diferentes estaciones para detectar estas situaciones y coordinar procedimientos con carabineros cuando corresponde.
«Combatir este fenómeno requiere también la colaboración de los usuarios. La compra de productos o la entrega de dinero contribuye a que estas actividades se mantengan», asevera.


