Las víctimas trabajaban en una empresa encargada de la gestión de residuos
El año 2000 ocurrió una tragedia similar en Manila, la capital, donde murieron 200 personas.
Ni la peor pesadilla se compara con el tormento de ser tragado por una montaña de basura hasta morir. Así ocurrió en la localidad de Binaliw, situada en la isla de Cebú, en el centro de Filipinas. Allí una avalancha de desperdicios se vino abajo y dejó, hasta este sábado, cuatro muertos y 34 personas desaparecidas.
Sin embargo, en medio de la búsqueda, los rescatistas informaron que ocurrió algo esperanzador. «Las autoridades confirmaron la presencia de señales de vida detectadas en zonas específicas, lo que requiere una excavación cuidadosa y continua y el despliegue de una grúa más avanzada de 50 toneladas, que está en camino con escolta policial», explicó el alcalde de la ciudad de Cebú, Néstor Archival, en un comunicado citado por la agencia AP.
Entre los fallecidos hay un ingeniero y una oficinista. Durante los trabajos de rescate, 12 trabajadores pudieron ser salvados. En la empresa laboraban 110 personas.
Todas las víctimas fatales trabajaban en una empresa encargada de la gestión de residuos, tarea desafiante en Filipinas, que ha debido lidiar con varias tragedias similares.
«La seguridad de los socorristas sigue siendo primordial debido a peligros como los escombros inestables y los riesgos de acetileno, lo que ha obligado a ajustar el perímetro de seguridad y a controlar el acceso», agregó el alcalde Archival, citado por la cadena de noticias ABC.
«También se están realizando preparativos para gestionar el inminente problema de la recolección de basura», manifestó en su declaración, sin más detalles.
«El gobierno de la ciudad asegura al público y a las familias de los afectados que se están tomando todas las medidas necesarias para garantizar la seguridad, la transparencia, la rendición de cuentas y la asistencia compasiva mientras continúan las operaciones», concluyó el edil.
La tragedia fue gatillada por la mala gestión del basural, como también por las intensas lluvias de las últimas semanas en el país.
Jaylord Antigua, de 31 años, dijo a AP: «Vi una luz y me arrastré hacia ella rápidamente, porque temía que hubiera más deslaves. Fue traumático. Temía que fuera mi fin, así que esta es mi segunda vida». Antigua trabajaba en las oficinas del vertedero, las que fueron destruidas por el alud de desperdicios.
Entre los restos de la montaña de basura había hojalata retorcida, vigas de hierro, desechos orgánicos y escombros potencialmente combustibles.
Gestión de la basura
El año 2000 se registraron 200 muertos y muchos más desaparecidos luego de que se produjera una avalancha de desechos que, además, dañó decenas de viviendas precarias en un barrio humilde de Quezon, que integra la gran metrópoli de Manila, la capital del país. El hecho provocó un incendio que siguió a días de tormentas en la región.
Aquella tragedia empujó al gobierno a crear una ley sobre gestión de desperdicios, pues se trataba de un mal que se multiplicaba en el país debido a la proliferación de vertederos ilegales.
Un paper publicado en 2021, llamado «A Review on the Solid Waste Management in the Philippines», encargado por el gobierno, reveló que el 56,7% de los desechos producidos en el país proviene de residuos residenciales. Esto incluye «restos provenientes de la cocina, desechos de jardín, papel y cartón, botellas de vidrio, recipientes de plástico y bolsas de arena, láminas, pañuelos y pañales sucios, y desechos especiales como envases de productos de limpieza domésticos, baterías y equipos eléctricos y electrónicos»; el 27,1% proviene de establecimientos comerciales y mercados; el 12,1% son de oficinas gubernamentales, instituciones educativas y médicas; y el 4,1% deriva de sectores industriales o manufactureros.
Según el mismo estudio, el 52,31% de los residuos es biodegradable.


