Basquetbolista chileno hizo historia en Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia
Extraño los curantos y sobre todo a mi novia, cuenta el ancuditano, que se enamoróde Catalina Valenzuela, su polola, también seleccionada de básquet.
Casi como si se tratara de una profecía, Sebastián Carrasco cree que estaba destinado a jugar básquetbol. Aparte de provenir de una familia cestera, Héctor, su padre, también integró quintetos profesionales de la Universidad de Concepción, por lo que ya desde los 4 años lo obligaba a pasar largas horas dando botes. «La verdad es que no tenía por dónde no jugar al básquetbol. Entrené de muy chico con mi padre, a los 7 años ya me tenía haciendo doble turno en un gimnasio y por ahí también nacieron mis primeras peleas con él. Pero después me enamoré de este deporte», recuerda el ancuditano, actual jugador de Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia, que hizo historia al titularse campeón en la exigente liga de básquet trasandina.
Carrasco tiene recién 25 años, pero ya posee historias para escribir un libro y contárselas a sus nietos. Después de ganar once títulos con el Campanil en la liga chilena, en su primera aventura al otro lado de la cordillera se coronó como el MVP (jugador más valioso) en las finales contra Quimsa, donde tuvo un promedio de 12,8 puntos y 2,8 asistencias. Por eso en el estadio Socios Fundadores de Comodoro Rivadavia lo premiaron con el grito de «¡chileeeno, chileeeno!».
¿Qué siente por haber sido ovacionado tras ese primer título en Argentina, Sebastián?
«Fue una locura. La verdad es que desde que jugué el primer partido acá en Gimnasia, donde anduve bien, me gritaron chileno. Pero lo de la final fue maravilloso, porque ganarse al público argentino no es fácil. La liga acá es el doble de competitiva y en este equipo al que llegué es aún más meritorio, porque tenemos que competir contra instituciones millonarias, donde juegan extranjeros a los que les pagan fortunas».
¿Cómo ha sido la vida al otro lado de la cordillera?
«Siento que es el mejor lugar al que podía llegar. Comodoro tiene una comunidad chilena muy grande. Hay muchos chilotes que cuando recién se estaba creando la ciudad vinieron a trabajar en el petróleo. Entonces, por ahí hay harta raíces chilenas y la gente me ha acogido muy bien, súper cálida».
¿Pero extraña Chile?
«Por supuesto. Desde abril, cuando me arranqué a ver a mi polola, que no voy. Echo de menos la comida, el pan amasado calentito con mantequilla. Acá yo vivo solo, me dan todas las comidas, pero extraño los curantos y sobre todo a mi novia, que se llama Catalina Valenzuela. Nos conocimos jugando básquet. Ella jugaba por la selección, el Team Huasitas, y nos enamoramos en las concentraciones».
¿Ella es de Ancud también?
«No, con ella nos conocimos en Concepción, que es como mi segunda casa. Allá llegue a los 18 años a estudiar a la Universidad de Concepción. Es que sabe, mi mamá, que es profesora de Biología, me metió que yo tenía que estudiar y sacar un cartón. Por eso que me titulé de kinesiólogo, fue difícil, pero lo logré».
¿Piensa ejercer como kinesiólogo?
«Por ahora mis sueños son jugar básquetbol en ligas cada vez más importantes. Logré dar el salto a Argentina y tengo un año más de contrato, pero me fascinaría llegar a Brasil y por qué no a Europa, a España. Siento que lo puedo lograr. Aunque uno nunca sabe, puede haber lesiones, la vida da vueltas, y ahora tengo mi título que me respalda».
¿Se imaginaba que iba a llegar tan lejos en el básquetbol?
«Siempre lo soñé. Como decía, yo soy de Ancud, donde llueve gran parte del año y uno juega básquet desde que nace, porque a veces es la única entretención que hay en gimnasios que son techados. Yo crecí yendo a ver como hincha al equipo de mi ciudad, con grandes jugadores, y me imaginaba llegar a ser como ellos, pese a que no crecí tanto».
¿Cuánto mide?
«Yo mido 1,78. Acá en Argentina siempre fui uno de los más bajos y soy el más bajo de mi equipo y en general de casi toda la liga. Pero eso no me complica, todo lo contrario. Yo soy base y en mi posición no siento que influye tanto mi estatura. Obviamente, si fuera más alto sería distinto, pero con lo que mido me alcanza. Además, como soy chico es más difícil que lleguen a quitarme el balón abajo. Porque soy más bajo también soy rápido y tengo más agilidad».


