Seis razones por las que tener sexo en verano es una pesadilla

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Olores, sudores, cerveza

El problema, en estricto rigor, no es el verano. El problema es esa persona a la que se le ocurrió que apenas deja de hacer frío uno se calienta más porque ve más piel en la calle, en el metro, en las fiestas, en donde sea.

CAMILA GUTIÉRREZ@JOVEN_Y_ALOCADA

Este texto se trata de esa persona que sólo pensó en la piel desnuda y no en las condiciones materiales del verano. Por ejemplo, que hace un calor horroroso. Por ejemplo, el sudor asqueroso. ¿Qué es lo peor, realmente, de tener sexo desde el 21 de diciembre hasta el 21 de marzo? Alcanzo a enumerar seis razones.

Efecto meme

Eso de que se anda hormonalmente desatada en verano funciona con la lógica de esos memes expectativa-realidad. Expectativa: mujer bonita/hombre bonito, poca ropa, caribe. Así cualquiera se calienta. Realidad: camisa sudada/blusa transpirada, tres de la tarde, metro de Santiago. Así, todas sentimos dolor.

El verdadero mes de la felicidad es octubre
Y si me pongo generosa, noviembre. Porque tampoco es que el invierno sea pura excitación. Pero octubre sí. En octubre la gente empieza a andar más pilucha, una siente alegría del piluchismo ajeno y es así -pura alegríaporque todavía no hace suficiente calor como para empezar a sufrir. ¿Pero alguien puede calentarse en enero? ¿Acaso existe algo más miserable que acostarse con quién sea, tipo dos de la tarde, con el sol de Santiago quemando justo en un pie? (qué horror cuando quema justo en un pie).

El scotch de sudor
Así le llama un amigo a eso que pasa después de que uno tiene sexo. Alguien está sobre ti, alguien intenta separarse de ti, alguien se queda pegado a ti por una capa de sudor, alguien logra despegarse y ese proceso hasta llega a sonar. Igualito a cómo sonaba Pegajoso de «Los Cazafantasmas». En honor a la verdad, el scotch de sudor es una cochinada que me gusta. Pero hice un focus group entre mis amigas-amigos, y no hubo nadie que no arrugara la nariz.

Olor a todo

No sé si el talco es una costumbre en desuso o no. De cualquier forma, da lo mismo. En verano, el olor a pie es omnipotente y omnipresente. Y, en términos generales, el olor es todo. No seré más precisa por amor a una lectura higiénica de esta lista, pero todas las que andamos mucho en bicicleta, sabemos qué pasa después de andar media hora, a las 12 del día, bajo el sol.

Efecto meme versión comida

Expectativa: en verano da menos hambre que en invierno. Expectativa generada de esa expectativa: una anda infinitamente flaca, infinitamente liviana. Expectativa generada de esas dos expectativas: una se siente cómoda para tener sexo. Realidad -mi realidad al menos- es muy distinta: el otro día tuve una epifanía. No es que el verano me dé menos hambre. Lo que pasa es que es otra especificidad del hambre. En invierno, quiero pedir delivery y quedarme comiendo en mi casa. En el mejor de los casos, salir al supermercado y traer algo para cocinar. Cualquier cosa que implique el menor gasto energético posible. Las tardecitas de verano, en cambio, me dan ganas de salir a comer y tomar en algún restorán con terraza (porque sí, eso sí es un punto a favor del verano: las tardecitas). Entonces, como lo mismo que en invierno y me frustro porque no calzo con el imaginario veraniego de andar livianita. Me explico bien: no me refiero a andar flaca o gorda. Me refiero a esa sensación de pesadez post-comida que hace que a uno le suene la guata (los jugos de la guata) en la performance amorosa.

La cerveza

Lamentablemente, el chocorrón (o chocoron, como lo escriben en Internet, que es leche con chocolate y ron) no es el alcohol del verano. Tampoco el vodka o el pisco. Si así fuera, la vida sería menos dura. Pero lo que impera es la chela porque hace calor, da sed y qué se va a hacer ante eso. Y no hay un brebaje más fatal para la vida sexual que la cerveza. En parte, porque entra en el ítem anterior (a diferencia de otros copetes, la chela pesa en el cuerpo). En parte, porque dan unas ganas irrefrenables de hacer pipí cada tres segundos y tener que anunciarlo justo cuando uno va a empezar una concreción del coqueteo nocturno, siempre es medio problemático. Aunque si uno piensa que el vino tinto es al invierno lo que la cerveza al verano, es difícil decidir qué es peor: querer ser sensual con la boca morada/querer ser sensual con ganas de ir al baño a cada rato. Lo que demuestra, al fin y al cabo, que la vida es invariablemente -en invierno y en veranoun horror. Larga vida a la primavera. Larga vida a las alergias.

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