Entomólogo forense desclasifica sus archivos y explica lo que nunca se contó
Con sus bichos, el sargento Aarón Jara, del Labocar, ha ayudado a esclarecer violaciones y asesinatos.
El cazador cuelga la cabeza del reno en la pared; el atleta, la medalla en el estante; y el sargento segundo de Carabineros Aarón Jara Peñailillo almacena sus moscas en una tierna cajita con cubierta de vidrio que, se diría, originalmente sirvió para guardar chocolates.
Cada bicharraco, empalado en un alfiler, está sobre un diminuto cartelito donde se puede leer un lugar, una fecha, un nombre y un término científico. Salvo algunas excepciones, corresponden a una escena del crimen, a una víctima y al tipo de mosca que se dio un festín con el cadáver en cuestión. Uno que no alcanza a aparecer en los créditos es el homicida, el tipo a quien el sargento Jara ayudó a meter en la cárcel.
Aarón Jara es entomólogo forense, algo así como un especialista en insectos que se comen cadáveres. «Por ejemplo», dice el perito desde el Laboratorio de Criminalística de Carabineros, mientras muestra las fotografías de un cuerpo en descomposición con aspecto espeluznante, «este señor se muere, a los pocos minutos una mosca le deposita unos huevos, pasado un tiempo éstos se transforman en larvas, luego en pupas y, finalmente, en moscas. Hay veces que el médico forense no puede determinar la data de muerte de un cuerpo porque ha pasado mucho tiempo y entonces aparezco yo. Puedo calcular la muerte hasta un año para atrás». Y esas son malas noticias para los bandidos.
Otro ejemplo: «Aquí tenemos un caso emblemático», dice el sargento Jara, esta vez tomando su pequeña colección de horripilantes trofeos de guerra. «Esta mosca que está acá la encontramos en el cuerpo de Hans Pozo», explica. «Yo estuve en ese caso desde el primer día. Un día se encontró un pie, en otro las demás extremidades y después la cabeza. Todas tenían larvas pero, curiosamente, todas se encontraban en el mismo estado de maduración. Eso significaba que el cuerpo debió estar refrigerado. No congelado, porque en ese caso las larvas se mueren. Y no podía ser en un refrigerador doméstico común, porque un cuerpo humano no cabe. Debía ser uno más grande. Y bueno, fue así como dieron con el local del heladero Martínez».
Jara dice «dieron» porque pasa metido en su laboratorio y lo que hace es entregarles datos clave a sus colegas policías, especialmente al OS9.
Jara cuenta además que fue quien logró determinar el día exacto en que murió la estudiante de la secta de Pirque (por un parto mal asistido), y ha logrado resolver casos de violaciones «porque existe un piojo que se ubica en la zona genital del hombre o de la mujer y que solo se transmite por el acto sexual».
El sargento Jara estudió criminalística en Carabineros, entomología en la UTEM, microscopía en el SAG y ha tenido estudios en Argentina y Europa. Es el único entomólogo forense de Latinoamérica. Admite, de paso, que también es conocido como El Polilla, El Pupa, El Larva, pero sobre todo, El Grissom, el personaje de la serie «CSI», que también es entomólogo. «Y tengo una mascota», dice y toma con los dedos un frasquito. «Es una garrapata. Se llama Garrapatín».
Recuadro :
-La huella de Hans
El 27 de marzo del 2006 apareció la primera parte de un cuerpo descuartizado en Puente Alto. Luego se supo, gracias a una huella digital, que los restos encontrados en distintos puntos de la comuna eran de Hans Hernán Pozo Vergara, de 20 años. El heladero Jorge Martínez Arévalo, culpado del asesinato del joven, se suicidó en un allanamiento en su casa.
-Jara y el capítulo más deschavetado de «CSI»
Bala de carne dejó pillo a Grissom
El sargento Jara confiesa que se ha visto casi todo «CSI», sobre todo el que era protagonizado por su alter ego, Gil Grissom: «Hay veces que presentan casos interesantes, pero otras veces ponen bichos que nada que ver. Pero hay un caso en particular que lo ocupo bastante para las charlas que hago en las universidades. Es el caso de un tipo que fabrica una bala con carne de vacuno congelada con nitrógeno líquido. Suena deschavetado, pero puede ser. Es una ingeniosa forma de no dejar rastro balístico. Pero resultó que la bala venía con una larva. Y ahí se resolvió el caso».


