Ramón Navarro presenta a su heredero: su hijo Inti
A sus 14 años, el joven surfista apunta a tomar la posta de su padre, del que heredó la pasión por el deporte y al que acompaña en sus aventuras en búsqueda de la ola perfecta.
Ramón Navarro (44), una de las leyendas del surf nacional, empieza a soñar con que su único hijo, Inti, de 14 años, tome el relevo de la brillante carrera que forjó en las aguas de su adorado Pichilemu, donde nació, creció y se desarrolló hasta convertirse en el mejor embajador de la disciplina que tiene el país.
«Estuve en Hawaii en diciembre, enero y febrero, como siempre, porque es La Meca del surf, donde hay olas grandes en esas fechas. Además, es invierno en el hemisferio norte, así que me gusta ir a entrenar allá también para cumplir todos mis temas como deportista, auspiciadores? Es donde los mejores surfistas se reúnen para aprovechar esas tremendas olas, el nivel y toda la tecnología», cuenta.
¿Viajó solo?
«No, fui con mi hijo, Inti, quien lleva surfeando desde muy pequeño. Lo llevo a Hawaii desde los dos o tres años. Le gusta mucho el surf y se está dedicando harto a correr campeonatos. Es bonito que tenga esas mismas vivencias que he tenido yo y ahora compartirlas con él, enseñándole el camino para correr olas más grandes, más fuertes y que se vaya midiendo también con el nivel mundial».
Y tiene, además, un nombre de gran significado en otras culturas.
«Sí, Inti significa sol en quechua y primero en mapudungún».
Muchos de los grandes surfistas empezaron cuando daban sus primeros pasos.
«Exacto, a Inti lo metí al agua cuando tenía un año recién cumplido en Órganos (Máncora), al norte de Perú, y desde ahí ha surfeado. Para mí, la prioridad número uno es que lo pase bien, que se divierta. Tiene un grupo de amigos, así que sale del colegio y se quiere ir a surfear todo el día».
¿En las tardes todavía hay buenas olas?
«Sí, y si hay una ola muy buena, saco a mi hijo del colegio y me lo llevo a surfear. Tiene permiso, estudia en un colegio Montessori, así que es un tipo de educación diferente también».
¿Cómo es su vida en Pichilemu?
«Mi vida acá es bien simple: dejar a mi hijo en el colegio, de ahí ir a entrenar, surfear y dependiendo de cómo esté la ola ver cuáles son los planes, cómo me voy moviendo en la parte deportiva. Cuando hay marejadas viajo a un lugar de Chile o el mundo. Siempre voy con mi mate y matera por todos lados. Es rico tomarse un mate antes de entrar a surfear, por el frío también, te da energías».
¿Quién le transmitió ese gusto?
«La tradición partió con mi abuelo, y luego siguió mi papá, Alejandro, quien además sigue pescando, buceando y seguimos teniendo aventuras, siempre juntos».
Fue su inspiración para su libro («El hijo del pescador», 2015).
«Y también fue una película. Me produjo una satisfacción súper linda contar la historia de una familia de pescadores con un sueño de proteger este lugar».
¿Y cómo va su trabajo en Punta de Lobos?
«La corporación Punta de Lobos es un proyecto con el que llevamos ya más de 12 años y nació para proteger el borde costero. Es de los pocos lugares abiertos al público que tenemos, donde se hizo el surf de los Panamericanos y básicamente es para proteger la rompiente, proteger la ola y también estamos en un proyecto de reforestación ahí. Es la primera iniciativa de un privado que protege la ola en Chile, una de las pocas del mundo y es bien bonito ser parte de ella. Lo hago por pasión, por proteger este lugar que me encanta. Cualquier persona se puede hacer socia de la corporación si quiere y le interesa el proyecto. Yo soy el presidente».
¿Sigue involucrado en la limpieza de playas?
«Es un trabajo duro, que se hace con una mirada diferente a través de la ONG Parley for the Oceans Chile. Llevamos haciendo limpieza desde Arica hasta Punta Arenas. Mucha limpieza en la zona de Chiloé. Se da trabajo a las personas locales y después ese mismo producto hay que tratar de llevarlo a empresas que le den otra vida a ese plástico. Soy su embajador deportivo y medioambiental y ya llevo trabajando como seis o siete años con ellos. Lo que hemos logrado es motivador para seguir avanzando y ojalá una luz de esperanza para las nuevas generaciones».
¿Este invierno habrá campeonato en Pichilemu?
«Sí, en invierno llegamos a tener olas de 12 metros, por eso entre abril y agosto se hace este campeonato que se llama «Lobos por siempre», donde se espera todos estos meses el día más grande y se realiza el evento. Tratamos de invitar a los mejores surfistas del mundo, más varios locales que compiten por tomar la ola más grande durante todo el día. Es un evento súper lindo, que se hace desde el 97, aunque en ese tiempo se llamaba Ceremonial de Punta de Lobos».


