El sociólogo Axel Callís ante la probable caída del equipo de sus afectos a la B
Su crítica apunta a la figura del dueño, Jorge Segovia: Va a tratar de salvar la plata y de venderlo con la opción de compra a alguien que en realidad lo que quiere es el estadio, que es lo único que nos va quedando.
Axel Callís admite con sinceridad que el que pasó «fue uno de los peores fines de semana» que recuerde a sus 61 años. Hincha hasta los huesos de Unión Española, el sociólogo sintió una daga en su corazón tras la derrota por la cuenta mínima frente a Limache, que fue como una sentencia que sólo falta ejecutoriar.
Los hispanos quedaron con los mismos 21 puntos que Iquique y un triunfo de Limache ante La Calera, este domingo, provocará que los rojos bajen por segunda vez en su historia a la B.
El director de la encuestadora Data Influye fue testigo de la caída a segunda en 1997, pero asegura que la pesadilla que ahora viven los fanáticos no se compara. «Es distinto morir luchando a morir de abandono, que es algo que sentimos hoy. Estamos en las manos de un dueño del club al que no le importa nada, o sea, para él nosotros fuimos un negocio que no resultó. Son más de cien años de historia, títulos, y todo eso se irá a la basura, pues al dueño del 99,9% de las acciones del club le importa más el Real Madrid», explica Callís.
¿Cree que el descenso de Unión es cosa zanjada, Axel?
«Claro, sería más factible que Jesús vuelva a la Tierra a que Unión se salve. Tienen que suceder una cantidad de resultados estrambóticos, lo que es imposible que pase. Y, para peor, ahora circulan otras teorías conspirativas, que dicen que a Unión, como es el único club que no tiene de sponsor a una casa de apuestas, lo harían bajar».
¿Pero usted de verdad cree eso?
«No, pero sí creo que la Unión es un club incómodo, que tiene un presidente que no está presente y que no comulga con todo lo que ha hecho el sponsor de la ANFP, que es una casa de apuestas».
¿Se parece el descenso del 97 a lo que están viviendo hoy?
«No, son dos procesos completamente distintos. El 97 era un club que tenía una directiva que trató de hacer todo lo posible por salvarse. Hoy el club está completamente abandonado por el presidente, que además ahora hemos sabido que ya lo estaría vendiendo. Yo creo que para él Unión es un cacho, porque él siempre quiso el estadio para poder hacer un negocio y eso no resultó, así que se quedó con este cacho».
Más allá de lo administrativo, ¿no cree que hubo problemas futbolísticos también?
«En lo futbolístico el desacierto fue traer al Coto Sierra, que es un referente que todos admiramos, pero es un Sierra completamente distinto al de 2013 que nos llevó al campeonato. Ese Sierra tenía hambre, pero este Sierra que llegó era autocomplaciente, millonario, con la situación económica resuelta, sin mucha motivación y el equipo lo reflejaba él».
El Coto Sierra se fue hace rato.
«Pero después trajeron otro que era peor que Sierra, que venía de dejar a Iquique al borde del descenso. Cheíto Ramírez es el único entrenador en Chile que va a descender dos veces en un mismo año con dos clubes distintos. Es un conjunto de malas decisiones».
Pero los entrenadores no entran a la cancha.
«Es que cuando vino la apertura del libro se compró puro molido, perdón por la expresión. La Unión dejó que todo el mundo comprara y terminó trayendo lo que sobró y las sobras no sirven. De hecho, trajo un jugador español de cuarto nivel que en España juega a nivel casi liga amateur. Eso simboliza bien las malas decisiones».
¿Qué cree que va a pasar si el club se va al descenso?
«Creo que si se va a Unión Española al descenso el club como la conocemos va a desaparecer. No tenemos ninguna duda de que Unión está en peligro de extinción, porque ya son seis o siete años de abandono total y es muy difícil que lo compre algún español millonario o una empresa. Es súper difícil, sobre todo si está en segunda división, porque el club va a estar absolutamente devaluado y no veo ninguna luz de esperanza».
¿No será muy catastrófica su proyección?
«Es que por eso nuestros niños, nuestros hijos, lloran. O sea, yo lo que he visto entre el viernes y el domingo es que nuestros hijos lloran porque saben que es difícil que el club se pueda mantener así como está y lo más probable es que terminemos en los potreros, porque el dueño va a tratar de salvar la plata y de venderlo con la opción de compra a alguien que en realidad lo que quiere es el estadio, que es lo único que nos va quedando».



